miércoles, 24 de marzo de 2010

capítulo 5: ¿adónde va Fornicienta?

Oiga abrió la puerta de su casa que chirrió levemente. Se quitó los tacones, o lo que quedaban de ellos, y se derrumbó en el sofá. Parecía que acabase de volver de un campo de minas, pero claro, quien iba a pensar que O´Francisca, Fornicienta y Kika pegasen tan fuerte. ¿Habrían ido al gimanasio? Un momento...¿sus amigas haciendo gimnasia? No, no podía ser...De todos modos la batalla había dejado más heridas psicológicas que físicas. ¡Habían estado a punto de matarse unas a otras! ¡Y por un tío que acababan de conocer y del que solo sabían el nombre! Era una locura...Sí, lo mejor era olvidar a Stefff y centrarse en Vicen Rubi...Sí, era lo mejor...Todo esto cruzaba por la cabeza de Oiga mientras se disponía a acostarse.


La mente deductiva de Oiga ya estaba en marcha y ataba ideas a un ritmo vertiginoso: a ver, Stefff provocaba una extraña reacción en ella y en sus amigas, algo muy difícil de controlar...de todos modos solo se habían encontrado con él dos veces...con un poco de suerte no frecuentaría los mismos sitios que ellas...y si no se encontraban con Stefff, nada de homicidios múltiples. Já, ya estaba. Solucionado. Igual ni le volvían a ver. A no ser que alguien provocase un encuentro...La veta mala de Oiga se disparó en cuanto su mente esbozó la idea (la veta mala le salía a Oiga en situaciones que ella consideraba muy molestas, hirientes o de alta traición y producía en la chica una sombra de maldad...o en otras palabras y mala leche que te cagas). Pero después, se tranquilizó. ¿Habían hecho un pacto no? ¡Ninguna de ellas saldría con Steff! ¿Qué clase de desesperada rompería ese pacto?

***

Sin embargo, otra cabeza pensaba algo totalmente diferente en aquel momento.


Fornicienta estaba ya a unos cuantos kilómetros de la ciudad de camino a su casa en las afueras montada en su camioneta que daba tumbos arriba y abajo. Iba escuchando canciones ñoñas mientras agarraba y giraba aquella rueda de carro que tenía por volante. El amor, el amor...Todo muy bonito, pero ella había estado a punto de romperle los huesos a sus amigas por esa tontería. Pero es que Stefff es tan guapo...Ay...No había sentido algo así desde que salía con Tiano. ¿Y no se supone que hay que luchar por el amor? Por lo menos eso dicen esas películas todavía más ñoñas que ella se quedaba viendo hasta tarde con el proyector del huerto.


Con esta última convicción en la cabeza, Forni giró bruscamente el volante 360 grados haciendo derrapar la vieja camioneta y se encaminó de nuevo a la ciudad.


***

Kika entró de puntillas en su casa con cuidado de no hacer ningún ruido. Aunque cuanto más lo intentaba, más cosas tiraba a su paso. Plaf...Pum...Pam...



-¿Kika eres tú?



-¡Ah! ¡Columnientos! ¡Me has asustado! -dijo Kika al ver aparecer por el pasillo a su hermana en pijama bostezando.


-¡Dios! ¿Qué te ha pasado? Parece que hayas vuelto de Afganistán. ¡¿Has pasado la noche con Rocco?!



-¡Nooooo! ¡Qué dices! -bramó Kika mientras le lanzaba un zapato a la cabeza a su hermana- ¡Han sido Oiga, Fornicienta, O'Francisca y Facundación! ¡Pero todo ha sido culpa de Facundación, como de costumbre! ¡Será....! -y bramó una serie de insultos que su hermanita no tenía edad de oír y cuando terminó se le escapó un sonido gutural que recordaba mucho al de un cerdo (siempre le ocurría cuando estaba demasiado alterada)-¡Bueno, venga, niña, ponte el programa ese de radio que cuenta historias macabras por la noche y a dormir! -ordenó Kika a Columnientos malhumorada.

-Vale, pero antes me tomaré un buen vaso de Puleva con Omega 3 -dijo Columnientos con un cartón de leche en la mano y señalando la marca de la leche- ¡A mí que no me la cambien!

-Pero Columnientos, ¿qué haces?

-A ver, ¿alguien se tiene que encargar de la publicidad en el libro no?-se justificó la pequeña

-¡Anda, vete a dormir ya o te vuelvo a contar el chiste del gitano y los verbos acabados en -ar! ''Estaba un hombre gitano hablando con su hijo acerca de...''

-¡No por Dios! -y Columnientos salió escopetada a su habitación


**

"O´Francisca tú llamarme cuando llegar a casa después de fiesta"



Ese era el mensaje que había dejado Totem en el contestador de su amada y que está oyó nada más llegar a casa.

Por suerte o por desgracia, en la cabeza de O´Francisca (como en todas las cabezas de los grandes genios supongo) sonaban diferentes vocecitas que le sugerían diversas ideas. En aquel momento distintas voces surcaban como rayos la mente de la joven: la voz de el simpático ratón de la Cenicienta, la del arrepentimiento, le decía que le contase a Totem que se había peleado con sus amigas por un rostro pálido; la de Stich, la maldad, le contaba que ella no tenía culpa de nada, y que por tanto, ¿que había que contar?; y por último la de Fred, aquel chico de voz más que estridente que colgaba vídeos más que raros en youtube, que vociferaba cosas sin sentido.



La voz de Sitch se impuso a las demás en cuestión de segundos. Y con su típico "¡Bah!" cerró de un portazo la puerta de su habitación.



***



En otra parte completamente distinta de la ciudad, Bova esperaba ansiosa la llamada de sus amigas, las que no habían dado señales de vida tras la fiesta de Lule. Estaba mirando por la ventana de su habitación cuando vió pasar la camioneta de Fornicienta toda prisa por la carretera. ¿A dónde iría Fornicienta a las 3 de la mañana?


***

Fornicienta bajó de la camioneta con un salto poco grácil. Había aparcado de mala manera, de hecho había dejado el coche en marcha y con las llaves puestas. La chica esperaba que la policía no se llevase la camioneta porque si no le tocaría una larga caminata hasta el huerto a patita.

La chica estaba en medio de aquella plaza donde había se había tomado un café días antes (concretamente, en el primer capítulo). Aunque en esta ocasión, a las 3 de la mañana no había ni un alma en la calle. De todos modos, Forni notaba la mirada de alguien clavada en la nuca y le recordó a esa calavera de cerdo que su padre guardaba como recuerdo del primer cerdo que tuvieron en el huerto y que tanto asustaba a la chica.

Abrumada por la visión de la calavera de Agapito (el ya mencionado gorrino), Fornienta estuvo a punto de dar media vuelta y largarse, pero el recuerdo de Stefff la retuvo. Por lo menos esperaba encontrar lo que había venido buscando...¡Bingo!


Efectivamente, allí, en la esquina sombría del Alcampo bajo el graffiti de "La Caridadeh es la más chunga del barrio" estaban la ya nombrada Caridadeh y sus matonas haciendo botellón. Cantaban, bueno, mejor dicho destrozaban, canciones de Melendi mientras agitaban las botellas de cerveza que tenían en la mano y hacían competiciones a ver quien bebía más sin que le entrase hipo.

-¡Venga, coñe! ¡Qué alguien cuente un chiste!-animó Claudine, la matona oficial de Caridadeh siempre enfundada en su chupa


-¡Yo me sé uno muy bueno! -bramó Coque, la mano derecha de Caridadeh- Chutad a gol...Y gol murió de sobredosis.

Las matonas estallaron en una carcajada.

-¡Osti! ¡De los que me gustan a mí! ¡Con chutes y muertos! -gritó la Caridadeh mientras se desternillaba y palmeaba su rodilla con la mano.

Fornicienta tragó saliva ante la perspectiva de acercarse a esas individuas, pero si alguien en este planeta sabía como localizar a Stefff, esa era Caridadeh con sus famosos "métodos". Así que Forni hizo de tripas corazón y se acercó

-Ho-hola...

Las carcajadas cesaron y las matonas miraron de arriba a abajo a la huertana.

-¿Pero tú de qué vas vestida? Si pareces un fruiti...

-Más bien una lechuga pocha...

-A ver, ¿pero tú que haces aquí a estas horas? ¿No sabes que este es el territorio de la Caridadeh?

-¡Eso, si incluso Caridadeh lo marcó cual perro! Y ahí lo dejo...

Un murmullo (que no era tan murmullo porque las matonas gritaban como camioneras) que la Caridadeh acalló.

-Espera...tú no eres aquella chica...sí, aquella del colegio...la que tenía un huerto con cuatro pepinos mal contados....

-¡No sabes lo que dices! -saltó Fornicienta- ¡No sabes la cantidad de pepinos que han pasado por mi huerto!

Se produjo un silencio incómodo.

-Vale...eso ha sonado mal. Pero sí, soy yo, Fornicienta

-¡Eso! Ya decía yo que la palidez de tu cara me sonaba...Bueno, pues sal de mis dominios antes de que te saque yo de un navajazo

-¡Espera, Roñosa! -dijo Forni asustada.

-¡Que no me llaméis Roñosa! ¡Que ahora soy la Caridadeh, la patrona de los barrios bajos, la princesa del contrabando! ¡La Caridadeh!



-T-tengo que pedirte algo...



-La Caridadeh no es de la que van haciendo favores así como así, tú ya me entiendes. Pa que yo te haga un favorcico me vas a tener que hacer tú a mí otro.



-B-bueno, vale...



-De acuerdo, pues dispara



-B-Bien, pues...¿Te acuerdas del chico que había hace un rato en la fiesta de Lule? Se llama Stefff, no sé si lo conoces...Había pensado que quizá tú sabrías donde vive o algo de él...



-Seh. Pero no te lo diré tan fácilmente. Recuerdo que tienes un huerto...Sabes yo estoy metida en ciertos "negocios", llamemosles incomprendidos, lamemosles mal vistos...llamemosles ilegales. Y uno de ellos se podría ver beneficiado si me hicieras el favorcillo de plantar ciertas plantas en tu huerto... Con total discreción, claro



Fornicienta se estremeció...¿Droga? ¿En su huerto?...Pero ya había llegado muy lejos como para parar allí...Además Caridadeh no iba a dejar que se marchase así como así....


-B-bueno, vale...


-¡Genial! Chica lista. -la Caridadeh sacó un permanente y le garabateó algo en el brazo- Toma, te he apuntado el número de Stefff y su dirección.


Más adelante Fornicienta diría que ese borrón escrito con rotulador en su brazo era un tatuaje moro, pero esa es otra historia y debe ser contada en el próximo capítulo.


Escondido en la oscuridad de la noche y con su bufanda al viento, los vacíos ojos del niño contemplaban la escena. En ese momento, un ráfaga de aire le levantó la bufanda, aunque nadie pudo contemplar que en el lugar donde debería estar su boca no había nada.


Este capítulo ha sido patrocinado por leche Puleva, con Omega 3. ¡Que no te la cambien!

























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