sábado, 29 de mayo de 2010

capítulo 9: el encanto de Stefff

Stefff se despertó y se notó húmeda la mejilla. Abrió los ojos de golpe y se encontró con el primer plano de la cara de un cerdo.

-¡Arg! ¡Maldito bicho! ¡Deja de chupafffme!

Stefff miró a su alrededor: estaba en un huertucho lleno de cultivos y hasta arriba de barro. A su lado, la Facun roncaba como una locomotora de tren. Stefff empezaba a recordar lo que había pasado la noche anterior con Facun... Stefff hinchó el pecho. La verdad es que estaba hecho un machote, dos chicas diferentes en apenas dos noches. Pero mirando mejor el rostro de Facun decidió que no le contaría a sus amigotes su noche juntos por si se reían de él.

Estaba recogiendo su ropa y saliendo a hurtadillas del huerto de Facundación Haspenné cuando oyó pasos al otro lado de la valla. Stefff se encaramó a la valla y observó. En medio de aquel terraplén que separaba el huerto de Facun del de Forni había una cabina de teléfono, el único método de comunicación de los huertos con la ciudad, ya que tanto la familia Haspenné como la familia Furciana pensaban que los móviles eran instrumentos diabólicos y en cuanto veían uno lo destrozaban pegándole con palos.

Fornicienta se acercaba hacía la cabina brincando. "Mierda", pensó Stefff, "si me ve con la Facun se acabó lo que se daba". Aprovechando que Forni estaba de espaldas llamando por teléfono en la cabina, Stefff preparó su huída: treparía silenciosamente por la valla y se escaparía a hurtadillas. Pero cuando estaba saltando la valla su torpeza le traicionó y se le enredó el pie. Stefff calló de bruces contra el suelo plagado de barro, mordiendo el polvo literalmente. Y allí empotrado en el barro estaba Stefff cuando Fornicienta se giró y le vió.

-¡Stefff! ¡No me digas que has venido a buscarme! -a Forni se le iluminó la cara.

-Eh...Claro. ¿Qué haría yo por aquí sino?

Y los dos se alejaron de la mano sin que Fornicienta notase nada sospechoso.


***

Un fuerte rayo de sol despertó a O´Francisca. ¿Es que se había olvidado de cerrar la persiana de su habitación? Ah, no, que se había quedado a dormir en casa de Totem y allí no había ni persianas, ni cortinas, ni ventanas...bueno, sí, ventanas sí. O'Francisca gruñó. Estaba de muy mal humor porque Totem no la había dejado dormir por razones obvias. Y además tenía que desalojar la vejiga. Se estaba levantando para ir al baño cuando se dió cuenta de que en la cabaña no había baño. "Que bien, otra vez a regar las plantas" pensó O'Francisca.



Y tras andar en círculos durante 5 minutos, la chica encontró el lugar perfecto para hacer sus necesidades: justo debajo de un gran árbol de aspecto señorial. O´Francisca estaba en pleno proceso cuando vió una pandilla de animales que la observaban atentamente desde la rama de un árbol.



-¡Id a mirar a vuestra madre, imbéciles! -gritó mientras se las apañaba a duras penas para coger una piedra y tirarsela a los animales. Lo malo fue que en la complicada maniobra la chica perdió el equilibrio y cayó de culo al suelo, manchándose de barro las posaderas.



-¡Arg! ¡Mierda de poblado indio perdido! ¡Me he puesto de tierra hasta arriba! ¿Puede haber algo peor? -bramaba mientras se alejaba.



En ese momento vió como un joven del poblado llegaba al lugar y gritaba:



-¡Oh, por todas las águilas del cielo! ¡Alguien ha hecho pis en el árbol sagrado!


O'Francisca huyó roja y despavorida al oír esto deseando que el indio no la hubiese visto.



***



Oiga paseaba tranquilamente por la calle de camino a su cita con Vicenrubi cuando algo turbó su mirada. Era la Facun, con sus mejores galas, es decir un traje de huertana que le quedaba corto y un moño escachuflado en el pelo, que movía la cabeza como una gallina con tortícolis buscando a alguien con la mirada. A Facun se le iluminó la mirada: acababa de ver a un chico guapísimo que estaba atando su bicicleta a un poste. Oiga miró má detenidamente al chico...su cara le resultaba familiar...¡leches, si es Stefff! ¡Y la Facun se dirige a él como un tractor descontrolado!

"¡La madre que la parió!" pensó Oiga. Facundación iba derecha hacia Stefff, había pensado tanto en él y en su noche loca, tenía tantas ganas de restregarselo a las otras cuatro locas...de repente Facun noto como la agarraban del brazo con una fuerza inhumana y la arrastraban lejos de su amado.


-¡Facun! ¡Hola! ¿Cómo tú por aquí? -preguntó Oiga, con los dedos todavía clavados como púas en el brazo de Facundación, con la cara más amable que supo fingir.

-Ah, Oiga. Poh nah, iba a ver a mi novio.

-¡¿A tu qué?! -gritó Oiga a punto de agujerear el brazo de Facun

-Sí, sí, ese mozo de Stefff ya se ha hartao de pavas sin fuste como vosotras y se ha venío con una mujer de verdá como una serviora.

Oiga soltó lentamente el brazo de Facun mientras bajaba la cabeza y los ojos se le inyectaban en sangre. Facundación se alejaba con aire victorioso hacia su príncipe azul compartido cuando Oiga levantó la cabeza al cielo y gritó con todas sus fuerzas: "¡Socorro, policía, esta chica es de la banda de la Caridadeh!" Todos los transeuntes miraban a Facun, gritaban o huían. Dos policías cogieron a Facun por los brazos mientras murmuraban "Sí, y además creo que esta chica es la ladrona de tomates que ha estado asaltando las fruterías del barrio"

Stefff, que no estaba prestando atención al espectáculo que se había montado a escasos metros, terminó de atar la bici y levantó la cabeza. Su mirada se topó con la de Oiga, a la que le echó una de sus seductoras sonrisas mientras ella se sonrojaba y se alejaba.

***


Columnientos aporreó la puerta del cuarto de su hermana:

-Kika, ha venido a verte el tío ese al que te beneficias. -dijo desesperada Colum- Abre ya la puerta... Llevas tres días enteros ahí encerrada. -se giró hacia Rocco- Nada, que no responde.

-Estoy muy preocupado, mi caneloncito lleva sin salir de ahí tres días. No sé que hacer...¿Tú crees que no le doy lo que necesita?

-Eh...Seguro que no. -hace una pausa- Pero como siga así vais a tener que hablar por teléfono. Y vas a gastar mucho dinero. Por eso yo te reconiendo la tarifa plana de Orange, que además de pagar solo 60 centímos por minuto...

-Vale, vale, me pasaré por una tienda Orange de camino a casa. -dijo Rocco apesadumbrado mientras cogía su chaqueta y se iba.

"No me lo puedo creer" pensó Columnientos "¡Es la primera vez que vendo algo y sin timar a nadie!" Se le escaparon unas lágrimas por la emoción. "Rocco ha sido tan bueno conmigo, es un chico genial, es una lástima que esté perdiendo el tiempo con una chica como mi hermana..."

Pero el rechinar de la puerta del cuarto de Kika rompió el hilo de sus pensamientos.

-¿Kika?

-Columnientos...-dijo Kika con la cara demacrada, como si hubiese pasado días sin dormir y oliendo a choto.- Que suerte ver a alguien con boca por aquí.

-¿Ein?

-Ahora estoy segura. Sé que me persigue.

-¿Qué? ¿Quién?

-He hecho un retrato robot de él para que lo veas. -y le da un papelito.

-Kika esto es un monigote normal y corriente.

-¡No es verdad! ¡Tiene ojos, nariz...! ¡Pero no tiene boca! ¿Entiendes? ¡Es el niño sin boca! -dijo mientras agitaba a su hermana- ¡Pero que no se crea que va a poder conmigo! ¡Voy a ir a buscarle y le dejará las cosas bien claritas! ¡Y para ello tengo que pensar como él y oler su rastro!

Y con estas palabras, Kika salió de su casa tapandose la boca con la mano mientras olfateaba a el suelo.

-¡Kika, Kika! -salió corriendo detrás de su hermana Columnientos- ¿Te has vuelto loca?

Y desgraciadamente, nada más lejos de la realidad, ya que unos ojos, una nariz pero no una boca vigilaban a las chicas.


domingo, 23 de mayo de 2010

capítulo 8: ''Cosas de mayores''.

-Oiga, te juro por lo que más quieras que es verdad.

-A ver, Columientos, que tu hermana no es de esas. ¡Pero si quería ser virgen hasta el matrimonio!

-Pero mira las pruebas: ha faltado una semana a clase. Hasta que mis padres no volvieron ella no fue a la escuela.

-Bueno, aprovechó la oportunidad, cosa que tú nunca harás.- puntualizó Oiga desde el otro lado del teléfono. No podía ser verdad lo que Columientos le estaba diciendo.- Porque te juro que lo haces llamaré a tus padres.




-No para de cantar, Oiga. Pero hablando de llamar, ¿no te gustaría hacerlo desde el nuevo Nokia 5800 de Vodafone? Ahora, aparte del móvil, internet gratis en tu casa. Es tu momento (Pum Pum), es Vodafone.

-Y como no para de cantar se ha tirado a Rocco. Por cierto, mi móvil es muy bonito! Y ya tengo internet gratis, gracias a Movistar.

-Ah, con la competencia.... Pero bueno, Oiga:¡Escúchala!

Columientos se levantó de la cama y se asomó a la habitación de su hermana con el teléfono en las manos para que Oiga pudiera oir. Kika estaba tumbada en su cama mirando el techo mientras cantaba una canción familiar para Oiga:


Chúpame la minga Dominga que lleva sustancia,
que lleva sustancia...

-¿Ves?

-Oh, ¡Dios mío! ¡Kika está cantando canciones guarras! ¡Qué gran novedad! ¡Seguro que se ha tirado a Rocco, al carnicero, al de la farmacia de abajo y hasta al gorrilla que aparca los coches de mi calle!

-No me crees, ¿eh? Pues escucha lo que pone en su diario: Querido diario, ¡pues no ha estado tan mal!

-Sabes que tu hermana ya no concreta en su diario porque luego nos lo lees a todas. Eso podría ser cualquier cosa. Anda, pásame con ella que le diga lo que tiene que hacer para mañana en el colegio.

Columientos volvió cabizbaja a la habitación de Kika. Estaba segura de que su hermana por fin se había acostado con Rocco, y que encima le había gustado, pero no había forma de que se lo confesara y ni siquiera Oiga le creía. Sólo le quedaba llamar a Bloody Mary para contárselo.

No, Bloody Mary no es el espíritu del espejo. Era una de las mejores amigas de Columientos. Su madre quedó fecundada una noche en la que decidieron sus amigos y ella jugar con el fantasma de Bloody Mary. Le puso ese nombre en recuerdo de la noche.

-Toma Kika, es Oiga.

-¿Ya le estás leyendo mi diario verdad?-Sonrió Kika, confirmando las sospechas de Columientos.

-Sí, sí, sí. Me voy a estudiar.

Kika se puso el auricular en la oreja, pensando aún en los seis días y seis noches que Rocco y ella habían pasado completamente desnudos en su habitación, metidos en su cama, haciendo...

-Hola Oiga, amor mío de mi alma y de mi corazón-. Oiga miró con extrañeza el teléfono desde su habitación. ¿Kika?- ¿Cómo está la cosa más guapa del mundo?







-¡¡¡ TE TIRAS A ROCCO Y TIENES LA POCA VERGÜENZA DE NO CONTÁRMELO!!!



***

Sol. Un sol que despertaba a toda la ciudad se asomaba por la ventana de O`Francisca, despertándola de sus sueños y anunciándole otro día más de colegio. Su vista cansada se posó en la foto de encima de la mesa de noche. Sonrió. En ella aparecían Totem y ella, vestidos con las típicas vestimentas del poblado y con la corona de plumas que tanto había visto ella en las películas de indios.

Esa semana había sido muy dura. La tribu de Totem la habían aceptado a regañadientaes. Totem tuvo que pelear con dientes y puños, literalmente, contra su padre para que aceptaran a un rostro pálido en la tribu. El padre de Totem, el gran jefe Pocohontos, había terminado aceptando con una condición: O`Francisca debía aprender la cultura de su tribu. Ese mismo día iba a empezar el aprendizaje, de la mano de Totem, claro. después del instituto habían quedado en el bosque de la ciudad para entrar en contacto con la naturaleza. La verdad esque no le hacía mucha ilusión aprender a hablar con los árboles, pero todo fuera por Totem.

Se vistió corriendo y salió de su casa directa hacia el autobús.


***








Fornicienta peleaba con el freno de manos de su furgoneta.

-¡Vamos, chatarra, funciona!

Consiguió aparcar en la puerta, dejando el motor echando humo y haciendo extraños ruidos de engranajes sueltos. Suspiró fuertemente y bajó del auto. Ninguna de sus amigas había llegado todavía, así que decidió esperarlas en la puerta del instituto. Prontó una sonrisa se dibujó en la cara: Stefff era suyo, y lo iba a ser para siempre. Lo había conseguido, había conseguido estar con él. Y no sólo eso, ahora Stefff la llamaba todos los días al teléfono de su casa. Fornicienta no podía estar más feliz. Le encantaba pensar en sus ojos, en su pelo, en su dentadura mellada...

Sólo había una pega: no podía compartir su felicidad con sus amigas. Sentía que la dejarían de lado si supieran que estaba saliendo en cierto modo con el chico italiano. Pero bueno, si no se enteraban nadie sufriría.

-¡Fornicienta!-gritó Oiga cuando llegó a la puerta.- ¡No te vas a creer lo que me contó ayer Kika!

-¡Ey, yo también e quiero enterar, chicas!-gritó O'Francisca llegando al encuentro de sus amigas.


***


- Y por eso el alelo ''pelo rizado'' domina sobre el alelo ''pelo liso'', haciendo que la descendencia de un matrimonio cuyos componentes...

Don Peperro interrumpió su explicación de genética al oir que alguien llamaba a la puerta. Su cara de reptil, concretamente tortuga, sonrió al ver a Kika asomar la cabeza, bastante azorada por llegar tarde, y detrás de ella a Rocco. Sus tres amigas no pudieron contenerse y empezaron a reirse.

-Señorita Maiz-Tostado, ¿dónde ha estado esta semana?

-Lo siento don Peperro, he estado indispuesta.

-Sí, ha guardado mucha cama-. comentó Oiga, secundada por la risa de Fornicienta y O'Francisca.

-¿Y usted señorito?-inquirió el profesor dirigiendose a Rocco.

-¿Yo? Pues tuve que ir a casa de mi abuela. Estube estudiando mucha Bilogía e Historia.

-Sí, sobre todo el convenio de VERGARA!!!- saltó Fornicienta, seguida de muchas risas.

-Anda, siéntense. Y la próxima vez que vayan a cometer el acto sexual, no me miren con esa cara que se les nota a la legua, procuren no tardar una semana entera.

La clase entera estalló en una risa mientras los dos abanzaban a sendos pupitres.

-No me gusta Rocco, es gilipoyas, es imbécil...- comentó Fornicienta imitando la voz de Kika.

-Callate o me meto yo con tigo y Tiano.

-Ahora procedamos a resolver los problemas de genética que os di en hojas sueltas. ¿Algún voluntario?



***



Suena el timbre, todos los estudiantes salen de sus clases, libres por fin del suplicio de los profesores.

-No me puedo creer que el Montañas me halla suspendido.- coment una alumna.

-Es subnormal. Y, ¿has visto cómo se parece a cierto personaje de videojuegos?

-Oh, sí, sí. A ese que tanto anuncian... a Luigi, el de Super Mario!

-Dios mío, ¿quién es ese quesito?

Este último comentario llamó la atención de Fornicienta. Se giró rápida, buscando con la mirada hasta que se encontró con él: Stefff. Había venido a buscarla!!! Increible.

Pero O'Francisca fue más rápida.

-Chicas... mirad quién se ha dejado caer por el instituto.- La imagen que ella había tenido hacía unos segundos en la cabeza de Totem quedó totalmente eclipsada.

-Dios mío-. suspiró Kika al verle.

-¿Cómo puede aluguien ser tan sumamente atractivo?-preguntó Oiga.

-¿Sólo atractivo? Es guapísimo-. En ese momento, Kika ya no pensaba en la semana pasada, si no en cómo habría sido esa semana con el chico nuevo de la ciudad .

Fornicienta no podía permitirlo. Sus amigas estaban volviendo a caer en las redes de Stefff, su Stefff. Tenía que actuar de alguna manera. Pero ¿cómo?

-Pero, ¿qué decís locas? Si no es tan guapo-. Sus amigas la miraron recelosas- Pero, miradle: no se peina y le falta un diente. Besarle tiene que ser asqueroso no, lo siguiente. Además, dicen que no se ducha, y que se saca mocos y se los pega en el pelo a la gente. Y habla fatal.

-Bueno, entonces teneis muy cosas en común.

-Se dice muchas, Facundación, no muy. Lo siento, mi madre no va a venir.

-No venía por eso, esque os he cuchao hablando mal sobre ese trozo chorizo de cantimpalo y me he acercao. Un día me lo llevaré a mi huerto.

-Y una mierda maldita basta...-escupió entre dientes Oiga.

-Te dejaré calva a mordiscos....-la imitó O'Francisca.

-Chicas, yo me voy, he quedado con Rocco. Además no quiero contaminarme los oidos-. Comentó mirando a Facun.- Luego os llamo.

-¡No gimas muy fuerte, no te vayan a denunciar los vecinos!- Gritó Facundación.

-¡Al menos yo gimo, no parezco un cerdo en Navidad!




***


-O'Francisca, tú mirar Totem hablar con Abuelo Abeto. Después probar tú.

Ella asintió con la cabeza mientras sonreía emocionada. Totem se acercó al abeto con el que una vez O'Francisca le vió hablar. Como la última vez, comenzó a contarle cómo había pasado el día mientras O'Francisca no sabía si sonreir o llorar de desconsuelo. ¿ Y si a la tribu de los Pocohontos les gustaba mucho darle a la pipa de la paz y pensaban que podían hablar con los árboles? No le dio mucha importancia a sus pensamientos: Totem no es de esos.

Cuando terminó de hablar llamó a su novia y la arrodilló frente al árbol.

-Cui cui nakura, o ji sakinai.

-¿Qué quiere decir?

-Ven ven saltamontes o te cazarán.

-Am... ¿qué quiere decir eso?

-Nada, pero en indio quedar bien. Parecer proverbio. Ahora, concentrarte, dejar salir la energía del corazón.

-Del corazón, vale.

O'Francisca respiró hondo y se concentró. Nada. No pasaba nada. Estuvieron un rato arrodillados, pero siguieron igual.

-Totem, esto no funciona.

-Tú tener que desearlo de verdad.- Llevó la palma de su mano al pecho de O'Francisca, justo en el corazón-. Dejar salir tus sentimientos.

Ella asintió y volvió a concentrarase. El viento soplaba hacia ella, llevándole el rumor de una canción que el brujo de la tribu cantaba a los niños. Las hojas se arremolinaban en torno a ella, ojas de toda clase de colores, como en aquella película de dibujos que a ella tanto le gustaba de niña.

-Totem,¿ quién ser está joven tan hermosa?

O'Francisca se asustó al escuchar aquella voz de persona mayor, bastante mayor, y abrió los ojos. No podía ser: el pino tenía cara.

-Ella ser hembra de Totem: O'Francisca.

-H-hola.

-Hummm, un rostro pálido. Vuestra descendencia será muy rara...

-¿Descendencia?- Preguntó asustada.

-Ser una broma, ¿verdad Abuelo Abeto?

-Jau, claro que sí serlo.

O'Francisca sonrió al oir al árbol decir ''Jau''. Era una de las cosas que más le gustaban de la tribu: decían lo mismo que en la películas. O bien ''Jau'', o bien ''Arg''.

-Abuelo abeto- saltó O'Francisca, imitando el acento de indio-¿Por qué pieles rojas decir ''Jau''?

-Jau, yo saber una canción india que decribir nuestras costumbres. Decir así.

Por qué decir él "jau"?
Es más fácil decir "jau"
que decir "¿cómo has 'estau'?"
Y por eso saludando así
y decir muy fuerte "jau".

Es más fácil "jau".
Indio no poder decir:
"¿qué tal, cómo has 'estau'?"

O'Francisca no pudo reprimir la risa al escuchar la canción, aunque el Abuelo Sauce no terminó ahí.
¿Por qué decir él "arg"?
¿Por qué decir él "arg"?

Indio bravo se casó
y esposa linda vio,
pero luego dijo "arg"
a la suegra que conoció.

Esta vez a las risas se le unió Totem, hasta que el abuelo terminó con los últimos versos:
¿Quién le pintó la piel?
¿Quién le pintó la piel?
Muchas lunas hace ya
que la piel se le puso así.
Llegó una chica, lo besó,
y piel roja se quedó.

Historia que les contamos.
Verdades no garantizamos.
Nosotros no mentiras decir.
Ya tú más no poder saber.

Los dos se levantaron del suelo y se alejaron del árbol, riéndose y despidiéndose del abuelo. Caminaron hacia un lago, cogidos de la mano. Ahora tocaba la lección de remo. En la orilla se encontraban las canoas con sus respectivos remos. Totem montaría en la parte delantera para que O'Francisca le imitara desde atrás.

-Mejor quitarse ropa, así no se moja.- Dijo Totem mirándola de reojo.


-¿Y si viene tu padre?


-Papá saber que Totem estar con O'Francisca. No molestará.


Él se quitó la camiseta rápidamente y se subió a la canoa. O'Francisca prefirió no quitarse nada. Desde que había hablado con un árbol tenía la sospecha de que los árboles la observaban.


Remaron un rato bastante largo por el río, entre risas y salpicándose agua entre ellos. Cuando pararon Totem se acercó a O'Francisca y la besó apasionadamente, sintiendo e tacto de su blanca camisa mojada en la piel. Luego la cogió por la cintura y la tiró al agua. O'Francisca gritó antes de zambullirse, provocando que todos los pájaros de alrededor huyesen. Totem saltó detrás de ella y nadó hacia su chica. La sujetó por la cintura mientras ella enroscaba las piernas en la de él.




-¿Qué le dices de mí a tu abuelo que pregunta si vamos a tener descendencia?- quiso saber O'Francisca, con una gran sonrisa en los labios.


-En tribu casarse a partir de los 15 años. A los 16 ya tener descendencia.


-En mi ciudad somos muy jóvenes para tener descendencia, y mucho más para casarnos.- Totem hizo una especie de puchero mientras bajaba la cabeza. Dios mío, pensó O'Francisca, que mono, había creído que íbamos a casarnos. Le besó rápidamente en los labios mientras se despojaba de la camisa.- Pero eso no significa que no podamos hace cosas de mayores.




Totem volvía a sonreir mientras ayudaba a O'Francisca a desnudarse.


En el agua, pensó O'Francisca, lo estaban haciendo en el agua. Y le gustaba, le gustaba muchísimo. Sólo le inquietaba que los peces también se enterasen de lo que pasaba, pero ya le daba igual. Totem se zambulló con O'Francisca y la siguió besando debajo del lago, donde nadie, salvo los peces, podían descubrirlos; donde los dos podían besarse y acariciarse sin miedo a ser descubiertos, aunque fuera por unos segundos, hasta que necesitaban aire. El contacto de las manos de Totem recorriendo su cuerpo y el frescor del agua que la envolvía hacían a O'Francisca estremecerse de placer, del mayor placer que jamás había sentido. Rió durante un rato mientras Totem seguía recorriendo su cuerpo con los labios para luego volver a su boca.

Ella se acercó al oído de Totem jadeando, no sabía si por la falta de oxígeno o por culpa del chico.

-Te quiero, de verdad.- y volvió a besarlo mientras las manos de Totem inspeccionaban su cuerpo en una especie de carrera en la que ninguna perdería.

Y así estuvieron, desnudos en el agua, jugando a ''cosas de mayores'', siendo los únicos testigos de ese juego glorioso los árboles y los peces.





***

En otra parte de la ciudad, a una hora muy diferente, ya entrada la noche, sucedía algo distinto. Stefff acababa de saltar la valla del huerto de Fornicienta, tenía muchas ganas de verla esa noche. No entendía por qué no la había visto en la puerta del instituto, pero decidió no darle importancia. Embelasado estaba en sus pensamientos cuando un fuerte golpe en la cabeza lo derribó, haciéndolo caer de morros contra el suelo. ''Oh, no, la otra paleta no! Que el viernes tengo implante! Pero, ¿Qué coño me ha dado en la cabeza? Parecía un pedrusco.''

- Ajajá! Ya sabía yo que el tamaño y el peso de mis tomates tendrían alguna utilidad.

-¿Quién erezz tú?-Preguntó Stefff desconcertado.

-Soy ''La Facun'', la dueña de este huerto. Y tú eres Stefff!!! Oh, no sabes lo que esperaba el día en que vinieras a mi huerto!

-No, perdddona, yo venía a buzzcad a Fodnicienta.

-Calla, hombre, que esa no sabe ná! Dios mío, si esque estás más bueno que un barbecho con dos vueltas de vertederas bien dás.

-¿Qué? Ey! ¿Qué haces?- Facun se lanzó sobre el chico sin avisar y comenzó a desnudarlo. Después fue Facun la que se despojó de su refajo y se desmoñó el pelo. Stefff sonrió desde debajo de la huertana. ''Pues Facun no es nada fea... si no la miras a la cara.''

Facun comenzó a besarle el pecho a Stefff mientras iba subiendo por el cuello hasta los labios. En verdad, el hecho de no tener paleta era un buen acontecimiento. Stefff quiso entrarle de una vez, pero Facun aún se resistía.

-Espera, muchacho, que te voy a pegar tal lametón del culo al nabo que no vas a saber si cagarte o correrte.

Stefff creía estar viendo el cielo, ¿acaso es que todas las huertanas son buenas a la hora de la verdad?

-Nadie se resiste a ''La Facun''!! Muajajajajaja.

Y entre la intimidad de los tomates, Facundacion Haspenne, consiguió lo que más anhelaba en el mundo: llevarse a Stefff al huerto. Un acto que le costaría un precio demasiado caro.

***
''Querido diario:
Creo que me persigue un niño sin boca.''

sábado, 22 de mayo de 2010

Capítulo7:¡Sorpresa!

De nuevo ese ruido;ese extraño ruido que la hacía extremecerse de miedo de pies a cabeza. Todo era oscuridad a su alrededor, una oscuridad envolvente que despertaba más terror en ella. Encima, estaba sola en casa. Desearía estar con sus padres o en casa de la abuela Repugnancia.



Kika se abrazó a su patita de peluche con fuerza y se tapó con las sábanas hasta la nariz. No podía evitar mirar hacia la puerta que comunicaba su pequeña habitación con la cocina. En su cocina había una puerta de cristal que comunicaba con el balcón de lavadora y por la cual entraban los rayos lunares.



En ese momento Kika maldijo interiormente a sus padres por no haber cambiado las cerraduras de las puertas de su cuarto. Meses antes Columientos y Kika habían comprobado que si cerrabas la puerta de la habitación, no se podría abrir desde dentro. Su madre tuvo que sacarlas de su zulo,pero no había llegado a cambiar los pomos siquiera. Así que, nopodía cerrar la puerta para sentirse más segura de ese ruido extraño.



Kika pegó un bote en la cama: el ruido se había vuelto a escuchar y, ahora, más cerca. Parecía que alguien estaba reptando por los balcones. La chica cerró los ojos y empezó a rezar por que no llegase a su balcón. Fue inútil.



Otro ruido. Este lo distinguió a la perfección. Era el ruido de un cuerpo humano saltando a su balcón. Al salto le siguió un ruido parecido a un tropiezo, y después un gemido. La muchacha estaba aterrorizada y, al asomarse por entre las sábanas, observó una sombra en el balcón. Kika se obligó a contenerse y no gritar y a relajarse. ''Si no memuevo y me calle no me oirá. Que coja lo que quiera, pero que a mí no me vea...''.



Aguzó el oido lo que pudo y oyó pasos en el pasillo. Eran pasos familiares, muy familiares, pero no eran de ninún miembro de su familia ni de ninguna de sus amigas.





***


-¿Hola?¿Hay alguien?


Stefff se quedo en la puerta de su casa oteando el horizonte. Que extraño, no había nadie. A lo mejor el timbre se había estropeado.


Mientras tanto, Fornicienta observaba desde detrás de su destartalada chatarra a la que tenía el valor de llamar ''furgoneta''. Nada más llamar se había lanzado decabeza (literalmente) sobre el montículo de barro que se encontraba tras la furgoneta. No se había atrevido a mirarle a los ojos, esos ojos verdes sicilianos...


De pronto, otra vez se oyó su voz. Hablaba por teléfono.


-Ya, pero esque no debiste dejar que tus seis caballos hicieran sus necesidades en la puerta de mi casa. He conseguido apartar el estiércol unos metros, pero necesito que alguien venga a recogerlo porque...


Y la puerta se cerró, llevándose ese par de esmeraldas vivas y esa vozangelical.

''¡Diosmío, que mal huele aquí!'' observó Fornicienta.'' Esque, ni mi huerto huele así. ¿Por qué este barro huele a... oh, oh...''


Efectiviwonder, oh, oh. Fornicienta calló entonces en la cuenta de que ese''barro'' al que se había lanzado de cabeza era en realidad aquel estiércol del que su Stefff hablaba. Se levantó rápidamente para observarse. El pelo, el cual se había recogido en su moño,típico huertano, ahora estaba lleno de estiércol. Y el refajo... madre de Dios, el refajo. Había perdido su característico color blanco por completo.


-¡COONES! ¡Las esparteñas de la mamaica! Cuando llegue a casa me va a pegar una ''galletá''... A menos que...- A Forni le salió la vena huertana en ese momento.

Entonces, la retorcida mente de Forni se puso en funcionamiento. La bombilla se había encendido.

***
El domingo había sido muy duro. Oiga estaba reventada. Encima de todo, O'Francisca le había llamado hacía unas horas contándole la velada con Totem, tan mágica y romántica... Ese acontecimiento que ella, con sus 16 años de edad, aún na había experimentado: observar los conejos colgados de la tienda de tu novio indio desde la cama de oso americano.

O'Francisca le había confesado que al principio imaginó que iban a utilizar de otra forma la cama de piel, pero en el fondo le gustó que Totem le contase la historia de sus conejos y tejones. Mientras iba recordando esto, Oiga fue cayendo en un sueño profundo. De pronto ya no estaba en su habitación, ni siquiera en su casa. No llevaba su ropa puesta, si no un bikini verde que hacía resaltar sus ojos. Hacía mucho, mucho calor. Entonces, una voz, una voz que ella reconoció enseguida. Esa voz le llamaba desde la piscina cristalina que apareció de pronto.

Oiga sonrió. Una sonrisa radiante, una sonrisa verdadera, de esas que rien de verdad mientras tus ojos saltan de alegría. Allí, en la piscina, la saludaba Vicenrubi. Reconoció el entorno que la rodeaba: era la casa de su ruso.

Sin pensarlo dos veces, Oiga corrió a la piscina y se lanzó de bomba. Vicenrubi nadó con habilidad hacia ella y le tendió las manos. Ella las aceptó encantada, sin perder la sonrisa.

- Mi perrriquito... - suspiró él acariciándole los labios.
- Mi rrrusito...

Entonces él, sujetándola de las caderas, la levantó sobre su cabeza mientras ella posaba las palmas de las manos en sus corpulentos hombros. Rieron y gritaron, felices de estar juntos. Se capuzaron y bucearon juntos, compartiendo besos de perrriquitos en el fondo de la piscina.
Cuando les faltó el aire, subieron veloces a la superficie, y justo cuando emergieron, una imagen terrible surgió ante ellos: Froinlain Radmila, la madre de Vicenrubi.

-¡Sorrrprrresa!

Radmila agarró a Oiga de un brazo, tirando de ella con su fuerza sobre humana, sacándola de la piscina y apartándola de su hijo.

Oiga gritó mientras todo a su alrededor desaparecía y se convertía en un desván. Froinlain Radmila abrió del desván una gigantesca jaula para pájaros y encerró en ella a la chica, como si de verdad fuera un periquito. Ella se agarró a los barrotes pero segundos después resbaló. ¡Sus manos se habían convertido en alas! Se tocó la cara: ¡Pico, tenía pico! Temerosa, se acercó al agua que había dentro de la jaula. Sus temores se cumplieron en realidad: era un periquito.
Entre los barrotes había una galleta gigante que le produjo una inmensa atracción y, sin poder evitarlo se puso a picotearlo mientras su malvada suegra se reía de ella.

Y ahí despertó. No podía ser cierto, había sido la peor pesadilla que había tenido. mañana se lo contaría a sus amigas. Y con este pensamiento se quedó acurrucada en su cama hasta que al final se durmió de nuevo.

***

Los pasos se acercaban peligrosamente al cuarto de Kika. Ella no respiraba, no movía ni un sólo músculo. De repente, la luz de la entrada se encendió y Kika pudo ver la sombra de una persona proyectada en la pared. Poco a poco los pasos se fueron a cercando más y la sombra iba aumentando más y más hasta que una figura se presentó frente a la puerta, frente a los ojos de la aterrada muchacha. Al ser de noche y al estar de espaldas a la luz no pudo ver la cara del individuo, pero no tenía duda alguna de quién era.

-¡Sorpresa!

-¡¡¡Rocco!!!- Chilló la chica lanzando los peluches a la cabeza del chico.

Rocco se rió mientras esquivaba los peluches; le hacía gracia cómo gritaba.

-¡Hola, Kika, amor mío!

Al ver que ella se había quedado sin peluches que tirarle a la cabeza, Rocco cerró la puerta. Fué entonces cuando Kika se levantó corriendo hacia la puerta cerrada, empujando a Rocco. Intentó abrir la puerta, pero era imposible, estaban encerrados.

Rocco se quedó observando cómo intentaba abrir la puerta. Contempló embelesado como la cascada de rizos castaños de Kika caía por su espalda, desnuda completamente a excepción de la fina tira del sujetador de encaje blanco. Tan embelesado estaba que no vió el poderoso gancho de Kika. Le alcanzó en plena barbilla y le hizo retroceder. Estaba roja de furia.

-¡¡'Gilipollas, eres gilipollas!!! ¿¿Qué coño haces en mi casa?? ¿Sabes lo que acabas de hacer?? ¡¡¡NOS HAS ENCERRADO!!!

Tras decir esto se puso lívida y casi se cae al suelo. Encerrada, estaba encerrada con Rocco en la misma habitación. Y para colmo llevaba puesta solo la ropa interior. Kika se cubrió el pecho con los brazos, poniéndolos en cruz, pero ya sabía lo que iba a pasar. Se notaban las intenciones de Rocco en su mirada furtiva. Se acercó a ella y la cogió de las muñecas. Kika gritó, se resistió, intento zafarse de él, incluso retrocedió, pero todo era en vano: Rocco era más fuerte. Forcejearon un rato pero Kika retrocedió demasiado y tropezó contra la cama, cayendo de espaldas sobre la cama y con Rocco encima. El brillo de los ojos de Rocco aumentó y la besó, aprovechando el momento. Kika se revolvió debajo de él y le golpeó en la mejilla varias veces, pero seguía siendo más fuerte que ella.

Rocco estaba especialmente feliz irradiaba su felicidad por todas las partes de su cuerpo, en especial por una parte, haciendo que Kika se asustase aún más. Ese era el día en que Kika por fin sería suya. Lo supo al ver a sus padres salir de casa y, horas después, ver salir a Columientos, dejándola sola es casa. Entonces decidió escalar el balcón hasta llegar a Kika. Dejó de besarla y la miró a los ojos, esos ojos marrones y tan llenos de vida que lo volvían loco. la chica le gritó todos los insultos que había aprendido de su tía, incluso le escupió, pero a él le dió igual.

-¿Sabes? Me sé una canción muy buena que describe a la perfección lo que planeo para esta velada, ¿quieres oirla?

-¡¡¡Me da igual tu canción!!! ¡¡¡Lo que quiero es que me dejes en paz!!!- las lágrimas acudieron a los ojos de Kika, pero las contuvo.

-Por favoooor, si no te callas no te la podré cantar. Dice así: ''Chúpame la minga, Dominga, que lleva sustancia. Que lleva sustancia, que lleva sustancia. Chúpame la minga, Dominga, que vengo de Francia.

-¡¡¡Cerdo!!! ¡¡¡Suéltame!!!

Pero él seguía impasible hasta que terminó la canción.

-Ya verás qué bien lo vamos a pasar.

Empezó a besarle el cuello, mientras Kika se resistía. Rocco le cogió las muñecas con una sola mano y empezó a quitarse los pantalones. Después se quitó la camiseta y le soltó las manos a Kika, quien enseguida empezó a pegarle. Con manos hábiles, Rocco fue recorriendo la espalda de Kika, disfrutando de la textura de esa piel tan deseada, y le quitó la única prenda que le tapaba la mitad superior del cuerpo. Rocco rozó sus pechos con los pulgares. Kika ya no lo aguantó más y acabó dejando que las lágrimas saltasen de sus ojos como si fueran grifos accionados. Cuando se quiso dar cuenta estaba completamente desnuda debajo de Rocco y este se estaba despojando de sus calzoncillos.

-Por favor- rogó Kika casi sin voz-, por favor, Rocco, no lo hagas.

Rocco le acarició el pelo, alborotado de todo el forcejeo.

-Kika, cariño, relájate. No pasa nada. Por favor, no te resistas . Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida.-Kika cayó de pronto, viendo inevitable la tragedia. Se obligó a mirarlo a los ojos, intentando que al menos tuviera compasión de unos ojos llorosos. Rocco acercó los labios a su oido-. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.-Se corrigió.

Él la besó en la frente y fue bajando por la mejilla, salada de tantas lágrimas, hasta llegar a los labios, donde también habían caído las lágrimas. Fue un beso dulce, sincero, transmitía tanto, que confundió a Kika y se dejó llevar por ese beso, hasta que sintió que Rocco se hacía paso por entre sus piernas para entrar en ella.

-No...- susurró Kika.

Rocco la hizo callar rozándole los labios con los suyos, recorriendo después su cuello con suavidad.

-Te quiero.-Repitió.

Y la besó.La besó con más pasión con más... amor. Era eso, eso era lo que Rocco le transmitía con ese beso. Un amor potente, extraño, pero era amor. Kika correspondió al beso, enredando los dedos en su pelo, abriendo las piernas poco a poco. Fue la señal que Rocco necesitaba. Segundos después ya estaba dentro de ella, en su vientre. Kika derramó más lágrimas y gimió, dolía.

-¿Estás bien?

Ella asintió, apoyando la cabeza en el pecho de él, sintiendo los latidos de su corazón. Rocco sonrió.

-Te quiero-. Repitió él.

Y la besó, ya la acarició, y la recorrió entera con sus manos haciéndola estremecer. Por su parte ella hizo lo mismo, cumpliendo con la canción que él había recitado. Y allí, en aquella noche de luna llena, ese odio que Kika siempre había experimentado por el muchacho se convirtió en algo más fuerte. Se dio cuenta, cuando se despertó y se encontró abrazada a él, con la cabeza apoyada en su pecho, de que ese odio se había convertido en amor.


***
Pero antes de que la noche hubiera llegado del todo a la ciudad, Fornicienta había decidido llevar a cabo su maquiavélico plan.

Se acercó de nuevo a la puerta de Stefff y llamó al timbre. Pronto se abrió la puerta, destapando esos preciosos ojos verdes.

-¡Sorpresa!-Gritó Fornicienta

-¡¡Tú!! ¡¡Erez una de lazz cuatro psicófffatas que cazi me matan!

-¡Te acuerdas de mí!

Stefff se tapó la nariz cuando el dulzón olor del estiércol le llegó. Fornicienta sonrió avergonzada por sus pintas. Le daba pena haber manchado sus mejores galas, pero todo fuera por el plan.

-Oye, me vaz a llenar la entrada de ezzztiércol. ¿Qué te ha pffazzado?

-Pues resulta que iba con mi furgoneta, se me ha pinchado la rueda y al bajar he caido en un montón de estiércol de aquí ''al lao''.- Stefff se maldijo a sí mismo por no haber retirado el estiérdol-. Y me preguntaba si tu madre me dejaría usar tu ducha y tu lavadora.

-La verdad ez que miz pffadrez ze han ido doz zemanaz, pero zí, paza.

Forni no esperó más. Ya en la entrada empezó a quitarse el traje hasta quedarse en braguitas y sujetador. Le dió la ropa al chico y este le indicó dónde estaba el baño.

-Pero ten cuidado que la ducha rddezbala y una vez me dí en la cabeza. No zzea que te pazze algo...

- Si, claaaro... ¡y yo salto por los cerros de Úbeda!- a Forni le gustaba mucho esa expresión de su abuelo.




Después de haberse duchado, Fornicienta bajó con la toalla asida al cuerpo hacia la cocina, donde estaba su italiano haciendo la cena. Ella se sentó en la encimera cruzando las piernas. La casa era enorme, un chalé precioso.

-¿Te quedazz a cenar?

-Claro. Por cierto, no recuerdo tu nombre.... ¿ te llamabas??

-Stefff

-Ah sí, Stefff.

-No, no, Stefff.

- Bueno, yo soy Fornicienta, pero me puedes llamar Forni.

Pasaron una velada agradable hablando del huerto de Fornicienta. Prefirió hablar ella solo para no tener que estrujarse los sesos para entender lo que decía Stefff. LLegaron las 23.00 y Forni seguía sólo en toalla.

-Bueno, Foddni, si quiereszz te puedo llevardd a caza en bicicleta.

-No creo, está muy lejos, a 20Km.

-Yo aguanto los 30.

-Perdón, esque suspendí matemáticas, está a 40 km.

Stefff continuó vacilando de su resistencia en bici mientras Fornicienta llegó a los 75okm. Fue entonces cuando se dió cuenta de que Stefff no era muy rápido para pillar las indirectas, así que se levantó y le besó en los labio, sujetando su cara entre las manos.
La secadora paró en ese momento y Fornicienta se acercó coqueta, sin perder su sonrisa. Stefff se sentó en la silla, confundido. La verdad era que esa loca psicópata que casi lo mató besaba bastante bien.
-Bueno- comentó Forni llegando a la puerta-, voy a vestirme y nos vamos.
-Ezpera.
Stefff la cogió de la mano y la atrajo hacia sí, quería volver a probar sus labios. Fornicienta enredó los dedos en su pelo, firme y ligeramente rizado. Por su parte, Stefff comenzó a tirar la toalla al suelo lentamente.

-¿Qué haces?- preguntó la chica, aún embelesada por el beso de Stefff
-Shhh, déjate llevard.

Stefff se quitó los pantalones y los calzoncillos con facilidad. ¿Quién le iba a decir que al final iba a gustarle aquella chica tan rara que casi lo mata el otro día? Era bastante guapa, y muy simpática.
Llegaron con facilidad hasta el sofá del salón. Él se qutó la camiseta, ella lo esperó tumbada bocaarriba.

Se miraron a los ojos un momento. Fue entonces cuando Fornicienta lo comprendió: Stefff era el hombre de su vida. El hombre con quien quería estar para siempre.

Stefff le acarició la pálida mejilla con la punta de los dedos.''Te deseo, aquí y ahora'', pensó. Y la volvió a besar, recorriendo con cada parte de su cuerpo hasta el más milimitrado rincón del de Fornicienta.

Un ruido sonó en la ventana del salón, pero ninguno se dio cuenta. Nadie hacía caso del niño de la ventana, el mismo niño de siempre, sí, pero esta vez no había bufanda, ni tampoco.... boca.