miércoles, 24 de marzo de 2010

capítulo 5: ¿adónde va Fornicienta?

Oiga abrió la puerta de su casa que chirrió levemente. Se quitó los tacones, o lo que quedaban de ellos, y se derrumbó en el sofá. Parecía que acabase de volver de un campo de minas, pero claro, quien iba a pensar que O´Francisca, Fornicienta y Kika pegasen tan fuerte. ¿Habrían ido al gimanasio? Un momento...¿sus amigas haciendo gimnasia? No, no podía ser...De todos modos la batalla había dejado más heridas psicológicas que físicas. ¡Habían estado a punto de matarse unas a otras! ¡Y por un tío que acababan de conocer y del que solo sabían el nombre! Era una locura...Sí, lo mejor era olvidar a Stefff y centrarse en Vicen Rubi...Sí, era lo mejor...Todo esto cruzaba por la cabeza de Oiga mientras se disponía a acostarse.


La mente deductiva de Oiga ya estaba en marcha y ataba ideas a un ritmo vertiginoso: a ver, Stefff provocaba una extraña reacción en ella y en sus amigas, algo muy difícil de controlar...de todos modos solo se habían encontrado con él dos veces...con un poco de suerte no frecuentaría los mismos sitios que ellas...y si no se encontraban con Stefff, nada de homicidios múltiples. Já, ya estaba. Solucionado. Igual ni le volvían a ver. A no ser que alguien provocase un encuentro...La veta mala de Oiga se disparó en cuanto su mente esbozó la idea (la veta mala le salía a Oiga en situaciones que ella consideraba muy molestas, hirientes o de alta traición y producía en la chica una sombra de maldad...o en otras palabras y mala leche que te cagas). Pero después, se tranquilizó. ¿Habían hecho un pacto no? ¡Ninguna de ellas saldría con Steff! ¿Qué clase de desesperada rompería ese pacto?

***

Sin embargo, otra cabeza pensaba algo totalmente diferente en aquel momento.


Fornicienta estaba ya a unos cuantos kilómetros de la ciudad de camino a su casa en las afueras montada en su camioneta que daba tumbos arriba y abajo. Iba escuchando canciones ñoñas mientras agarraba y giraba aquella rueda de carro que tenía por volante. El amor, el amor...Todo muy bonito, pero ella había estado a punto de romperle los huesos a sus amigas por esa tontería. Pero es que Stefff es tan guapo...Ay...No había sentido algo así desde que salía con Tiano. ¿Y no se supone que hay que luchar por el amor? Por lo menos eso dicen esas películas todavía más ñoñas que ella se quedaba viendo hasta tarde con el proyector del huerto.


Con esta última convicción en la cabeza, Forni giró bruscamente el volante 360 grados haciendo derrapar la vieja camioneta y se encaminó de nuevo a la ciudad.


***

Kika entró de puntillas en su casa con cuidado de no hacer ningún ruido. Aunque cuanto más lo intentaba, más cosas tiraba a su paso. Plaf...Pum...Pam...



-¿Kika eres tú?



-¡Ah! ¡Columnientos! ¡Me has asustado! -dijo Kika al ver aparecer por el pasillo a su hermana en pijama bostezando.


-¡Dios! ¿Qué te ha pasado? Parece que hayas vuelto de Afganistán. ¡¿Has pasado la noche con Rocco?!



-¡Nooooo! ¡Qué dices! -bramó Kika mientras le lanzaba un zapato a la cabeza a su hermana- ¡Han sido Oiga, Fornicienta, O'Francisca y Facundación! ¡Pero todo ha sido culpa de Facundación, como de costumbre! ¡Será....! -y bramó una serie de insultos que su hermanita no tenía edad de oír y cuando terminó se le escapó un sonido gutural que recordaba mucho al de un cerdo (siempre le ocurría cuando estaba demasiado alterada)-¡Bueno, venga, niña, ponte el programa ese de radio que cuenta historias macabras por la noche y a dormir! -ordenó Kika a Columnientos malhumorada.

-Vale, pero antes me tomaré un buen vaso de Puleva con Omega 3 -dijo Columnientos con un cartón de leche en la mano y señalando la marca de la leche- ¡A mí que no me la cambien!

-Pero Columnientos, ¿qué haces?

-A ver, ¿alguien se tiene que encargar de la publicidad en el libro no?-se justificó la pequeña

-¡Anda, vete a dormir ya o te vuelvo a contar el chiste del gitano y los verbos acabados en -ar! ''Estaba un hombre gitano hablando con su hijo acerca de...''

-¡No por Dios! -y Columnientos salió escopetada a su habitación


**

"O´Francisca tú llamarme cuando llegar a casa después de fiesta"



Ese era el mensaje que había dejado Totem en el contestador de su amada y que está oyó nada más llegar a casa.

Por suerte o por desgracia, en la cabeza de O´Francisca (como en todas las cabezas de los grandes genios supongo) sonaban diferentes vocecitas que le sugerían diversas ideas. En aquel momento distintas voces surcaban como rayos la mente de la joven: la voz de el simpático ratón de la Cenicienta, la del arrepentimiento, le decía que le contase a Totem que se había peleado con sus amigas por un rostro pálido; la de Stich, la maldad, le contaba que ella no tenía culpa de nada, y que por tanto, ¿que había que contar?; y por último la de Fred, aquel chico de voz más que estridente que colgaba vídeos más que raros en youtube, que vociferaba cosas sin sentido.



La voz de Sitch se impuso a las demás en cuestión de segundos. Y con su típico "¡Bah!" cerró de un portazo la puerta de su habitación.



***



En otra parte completamente distinta de la ciudad, Bova esperaba ansiosa la llamada de sus amigas, las que no habían dado señales de vida tras la fiesta de Lule. Estaba mirando por la ventana de su habitación cuando vió pasar la camioneta de Fornicienta toda prisa por la carretera. ¿A dónde iría Fornicienta a las 3 de la mañana?


***

Fornicienta bajó de la camioneta con un salto poco grácil. Había aparcado de mala manera, de hecho había dejado el coche en marcha y con las llaves puestas. La chica esperaba que la policía no se llevase la camioneta porque si no le tocaría una larga caminata hasta el huerto a patita.

La chica estaba en medio de aquella plaza donde había se había tomado un café días antes (concretamente, en el primer capítulo). Aunque en esta ocasión, a las 3 de la mañana no había ni un alma en la calle. De todos modos, Forni notaba la mirada de alguien clavada en la nuca y le recordó a esa calavera de cerdo que su padre guardaba como recuerdo del primer cerdo que tuvieron en el huerto y que tanto asustaba a la chica.

Abrumada por la visión de la calavera de Agapito (el ya mencionado gorrino), Fornienta estuvo a punto de dar media vuelta y largarse, pero el recuerdo de Stefff la retuvo. Por lo menos esperaba encontrar lo que había venido buscando...¡Bingo!


Efectivamente, allí, en la esquina sombría del Alcampo bajo el graffiti de "La Caridadeh es la más chunga del barrio" estaban la ya nombrada Caridadeh y sus matonas haciendo botellón. Cantaban, bueno, mejor dicho destrozaban, canciones de Melendi mientras agitaban las botellas de cerveza que tenían en la mano y hacían competiciones a ver quien bebía más sin que le entrase hipo.

-¡Venga, coñe! ¡Qué alguien cuente un chiste!-animó Claudine, la matona oficial de Caridadeh siempre enfundada en su chupa


-¡Yo me sé uno muy bueno! -bramó Coque, la mano derecha de Caridadeh- Chutad a gol...Y gol murió de sobredosis.

Las matonas estallaron en una carcajada.

-¡Osti! ¡De los que me gustan a mí! ¡Con chutes y muertos! -gritó la Caridadeh mientras se desternillaba y palmeaba su rodilla con la mano.

Fornicienta tragó saliva ante la perspectiva de acercarse a esas individuas, pero si alguien en este planeta sabía como localizar a Stefff, esa era Caridadeh con sus famosos "métodos". Así que Forni hizo de tripas corazón y se acercó

-Ho-hola...

Las carcajadas cesaron y las matonas miraron de arriba a abajo a la huertana.

-¿Pero tú de qué vas vestida? Si pareces un fruiti...

-Más bien una lechuga pocha...

-A ver, ¿pero tú que haces aquí a estas horas? ¿No sabes que este es el territorio de la Caridadeh?

-¡Eso, si incluso Caridadeh lo marcó cual perro! Y ahí lo dejo...

Un murmullo (que no era tan murmullo porque las matonas gritaban como camioneras) que la Caridadeh acalló.

-Espera...tú no eres aquella chica...sí, aquella del colegio...la que tenía un huerto con cuatro pepinos mal contados....

-¡No sabes lo que dices! -saltó Fornicienta- ¡No sabes la cantidad de pepinos que han pasado por mi huerto!

Se produjo un silencio incómodo.

-Vale...eso ha sonado mal. Pero sí, soy yo, Fornicienta

-¡Eso! Ya decía yo que la palidez de tu cara me sonaba...Bueno, pues sal de mis dominios antes de que te saque yo de un navajazo

-¡Espera, Roñosa! -dijo Forni asustada.

-¡Que no me llaméis Roñosa! ¡Que ahora soy la Caridadeh, la patrona de los barrios bajos, la princesa del contrabando! ¡La Caridadeh!



-T-tengo que pedirte algo...



-La Caridadeh no es de la que van haciendo favores así como así, tú ya me entiendes. Pa que yo te haga un favorcico me vas a tener que hacer tú a mí otro.



-B-bueno, vale...



-De acuerdo, pues dispara



-B-Bien, pues...¿Te acuerdas del chico que había hace un rato en la fiesta de Lule? Se llama Stefff, no sé si lo conoces...Había pensado que quizá tú sabrías donde vive o algo de él...



-Seh. Pero no te lo diré tan fácilmente. Recuerdo que tienes un huerto...Sabes yo estoy metida en ciertos "negocios", llamemosles incomprendidos, lamemosles mal vistos...llamemosles ilegales. Y uno de ellos se podría ver beneficiado si me hicieras el favorcillo de plantar ciertas plantas en tu huerto... Con total discreción, claro



Fornicienta se estremeció...¿Droga? ¿En su huerto?...Pero ya había llegado muy lejos como para parar allí...Además Caridadeh no iba a dejar que se marchase así como así....


-B-bueno, vale...


-¡Genial! Chica lista. -la Caridadeh sacó un permanente y le garabateó algo en el brazo- Toma, te he apuntado el número de Stefff y su dirección.


Más adelante Fornicienta diría que ese borrón escrito con rotulador en su brazo era un tatuaje moro, pero esa es otra historia y debe ser contada en el próximo capítulo.


Escondido en la oscuridad de la noche y con su bufanda al viento, los vacíos ojos del niño contemplaban la escena. En ese momento, un ráfaga de aire le levantó la bufanda, aunque nadie pudo contemplar que en el lugar donde debería estar su boca no había nada.


Este capítulo ha sido patrocinado por leche Puleva, con Omega 3. ¡Que no te la cambien!

























martes, 23 de marzo de 2010

capitulo 4: la fiesta en casa de la Lule

Eran ya las cuatro y media más o menos. Kika continuaba dando vueltas por la ciudad fichando a todos los chicos guapos que veía pasar, pero no había suerte.
-¿Es que no hay nadie en esta ciudad que valga la pena?- gritó la chica desesperada en medio de la plaza.
De pronto de su bolsillo empezaron a salir las notas de ''El aprendiz de brujo'' de Fantasía 2000. Se apresuró a descolgar el móvil sin mirar si quiera quién la llamaba.
-¿Sí?- contestó enfurecida.
- ¡Yo sí que valgo la pena!
-¡Aaaaaggg!- todos los transeúntes que paseaban a menos de 10 metros de la muchacha se giraron al oir el grito de Kika, quién balbuceaba cosas sin sentido mientras pataleaba el suelo como loca- ¡Que me dejes en paz, Rocco! ¡Que te olvides de mí y que me borres de tu móvil!
Colgó rápidamente el teléfono. Con un largo suspiro de desesperación intentó avanzar por la calle, pero un par de manos la agarraron por la muñeca derecha.
-¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?-canturreó Rocco atrallendo a la chica juntó a él.
Kika intentó escabullirse sin éxito.
-Vamos. nena, deja que te lleve a dar una vuelta en mi nuevo coche.
-¡Que me dejes en paz! ¡Además, tú no tienes coche!
-Vendí la moto; en el coche se pueden hacer más cosas...
Rocco se inclinó hacia Kika, quien sacó fuerzas y se aparto de él de un empujón.
-¡Muérete, cerdo!
Y así volvió Kika a su casa, con la cara roja por culpa de el bochorno que acababa de pasar con ese estúpido compañero de clase que la acosaba y sin haber pillado cacho.


***

El sol pegaba con fuerza aquellos últimos días de Febrero, sobre todo cuando estas en pleno descampado recogiendo los tomates de la vecina sin una sola sombrilla. Fornicienta estaba que trinaba, ahí, sin descanso para comer y recogiendo los tomates de Facun. ¡Y sin descanso para comer! La chica ya no aguantaba más, sentía que iba a meterse un tomate en la boca en cualquier momento.
Y por si fuera poco los tomates no eran de un tamaño normal, chiquititos y redonditos, no; ¡eran del tamaño de una calabaza! La vecina debía haberle robado cubos de agua de la charca que tenía en su huerto de los pepinos, esa charca que, según su abuela, poseía poderes mágicos. ¿Por qué contaría eso con Facun delante?
-Oye Forni, ¿cómo anda tu abuela?
-Ah, bien, supongo.
Se volvió a formar el silencio mientras continuaban recogiendo los tomates. De pronto pasó lo inevitable:
-Ay, Forni, ¡creo que me he enamorado!
Las manos de Fornicienta se llenaron de pronto de jugo de tomate. La noticia la había dejado patidifusa.
-Es un chico guapísimo, Forni, y además es italiano.
Otro tomate gigante acabó estrujado entre las manos de la blancucha huertana al recordar que el muchacho al que conoció hace una semana tenía acento italiano. ¿Pero bueno, qué posibilidades había de que fuera él?
- Lo malo es que le falta un diente, una paleta para ser más exacta, pero, tía, ¡imagínate cómo debe de ser un morreo de los buenos con él! mi lengua por su hueco, y .... ¡Qué haces, locaa! ¡Aaaaaaah!
Fornicienta se detuvo en el último momento. Había agarrado el tomate más grande y gordo que había recogido y se había decidido a exprimirlo con la cabeza de su vecina, esa vecina que le estaba hablando de besar al chico más guapo que había visto en su vida.
Los ojos inyectados en sangre de Forni volvieron a la normalidad, y su hipervertilación se tornó a una respiración normal. Se le quedó cara de tonta durante un segundo y luego reaccionó, dándole un suave golpe a Facun en la frente con el tomate.
- Tenías una abeja.



***

-Ay... ¡Qué mono!
O'Francisca se dejó caer sobre la cama mientras pensaba en su nuevo novio. Qué bonito es el amor, que empalagosos nos ponemos algunos... Se habían pasado la tarde hablando por el teléfono, contándose cosas o simplemente escuchando el silencio, sabiendo que el otro estaba al otro lado de la línea que esa línea los mantenía unidos. Incluso había convencido a Totem para que hablara en su idioma nativo.
-Totem amar O`Francisca. Totem y O`francisca tener retoños Pocohontos para poder luchar contra pieles pálidas.
Las seis y media de la tarde. Totem le había dicho que esa noche Lule Melenda, la gitana del barrio, daba una fiesta en su casa sobre las diez. Celebraba la caída del Alcampo, aquel supermercardo abierto recientemente en la ciudad que le había hecho perder clientes para leerles la fortuna.
O'francisca había pensado en acercarse con sus amigas, a las que ya había avisado vía sms, pero le desilusionaba la idea de que Totem no iría.
-Venga, O`Francisca- replicó Oiga, que la había llamado para informarse bien-, no puedes ser tan empalagosa. Solo lleváis un día.
-Bueno, pues quedamos a las nueve y media en la puerta de mi casa. Lule vive cerca de aquí.
-Vale, vale . Yo solo espero que la Caridadeh no aparezca por la fiesta. ¿Sabes que la han detenido por tráfico de canabish? ¡Y la han dejado libre!
-Qué lastima que la buena de Roñi se haya convertido en La Caridadeh.
-Sí... Roñosa Notedoy me caía mejor en la primaria.
-Oye te dejo, que voy a inventarme algo para que mis padres me dejen irme esta noche
-¡Círculo vicioso!- Gritó Oiga aforada.
-¡Sí, sí, círculo vicioso!
-Venga,vale, a las nueve y media. ¡Adiós!







***




Las diez menos cuarto, cuatro sombras caminaban por la calzada en dirección a una fiesta, todas ellas bien pintadas y vestidas.
-De verdad-saltó de pronto Kika apartando uno de sus rizos castaños de su cara-, lo del Círculo Vicioso es lo mejor del mundo.
-¡Cierto!- coreó O'Francisca con una sonrisa.
El Círculo Vicioso, una maniobra de guerra mejor que cuaquiera de las de Stalin, Hitler o a lo mejor Bismarck. Era fácil, rápida y cien por cien segura. Bueno, siempre y cuando no atacase el ''factor mami''. Consistía en la siguiente formación: el objetivo A, Oiga, decía que dormiría en la casa del objetivo B, Fornicienta. Objetivo B decía que haría lo mismo en la casa de Kika, objetivo C, mientras que esta ''dormía'' en la casa de objetivo D, O'francisca, quien dormía en la casa de Objetivo A; creándose así un Círculo vicioso.
Allí estaba la casa de Lule, las luces inundaban cada una de las ventanas del dúplex de paredes crema. Estaban legando a la puerta cuando, de pronto, le vieron. La boca de cada una de ellas se abrió de una forma exagerada mientras contemplaban al joven alto, de espadas bastante anchas que entraba en la casa con unos amigos. Si hubieran tardado más tiempo en reaccionar se habría formado a sus pies un río de baba.
-Stefff...- suspiraron las cuatro a la vez.
Al instante sus músculos se tensaron, las cuatro acababan de suspirar por el mismo chico. Eso nunca les había pasado, nunca. Un silencio incómodo se produjo entre las cuatro chicas, que bajaron la mirada pensativas.
Tras unos incómodos segundos Oiga se decidió a hablar:
-¿Entramos?
Enseguida se miraron unas a otras compartiendo una de sus sonrisas. Ya estaba, solo había sido un pequeño lapsus. Se acercaron a la puerta, ya estaban llegando cuando Fornicienta miró por la ventana, y vio la peor visión de su vida: Facundación estaba poniéndole ojitos, y algo más que no son ojitos, a Stefff en su cara.
Pero Fornicienta no iba a permitir eso, no, no, no. Se soltó de sus amigas y tiró la puerta de la casa abajo, sacando una fuerza oculta increible. Los invitados se volvieron hacia ella. Lule Melenda, que estaba leyendo el futuro de una pareja de enamorados en su bola de cristal, se levantó al oir ese estruendo. Fornicienta no se detuvo; divisó su objetivo y,literalmente, se lanzó sobre él, haciendo caer a Facun sobre la mesa, reduciéndola a astillas.
Kika fue la primera en llegar a la puerta. Al ver a su amiga abalanzarse sobre Facun se le cayó el alma a los pies, se había vuelto completamente loca. Pero entonces inquirió el por qué de esa acción: Stefff estaba ligando con Facun. No se lo pensó dos veces, no iba a permitir que nadie le quitara a Steff. Él era el chico que andaba buscando. Corrió hacia el interior de la casa, seguida de Oiga y O'Francisca, que habían razonado igual que ella. Las tres se lanzaron sobre Fornicienta, comenzando así una pelea con tirones de pelo, mordiscos, arañazos y muchos muebles y cuadros rotos. Las lámparas de pies se caían al paso de las cuatro.
-¡O'Francisca, por qué no te vas a fumar la pipa de la paz con tu indio?!- Puntualizó Oiga mientras traba de la cabellera rubia de su amiga.
- ¡Y tú no olvides que los ''perrriquitos'' no hablan!
-¡Callaros todas!-chilló Fornicienta subiéndose a coscoletas sobre las dos- ¡Es mío! ¡Vodotras no podéis llevároslo al huerto!
Kika pegó un silbido que hizo callar a sus amigas. Todos los invitados se habían escondido bajo la mesa que quedaba en pie, esperaban que por lo menos Kika fuera sensata y les recordase a sus amigas que es más importante la amistad que un simple chico.
-Pero ¿qué estais haciendo?- ¿será sensata? ¿Será sensata?- ¡Esque no veis que se está escapando!
No, no lo era. Su dedo señalaba hacia las escaleras que conducían al piso de arriba, por las cuales corría Stefff sin mirar atrás. Las cuatro amigas subieron corriendo la escalera, empujándose las unas a las otras para llegar las primeras.
-¡Voy a llamar a la policía!-Gritó una voz desde abajo- Se van a enterar esas locas.
-¡Caridadeh!- gritó la Coque- ¡Esconde la ''coca''!
-¡Qué esconderla ni qué niño sin boca! ¡Esto se esnifa!
-¿Niño sin boca?- inquirió otra voz.
-¿Qué?-preguntó la Caridadeh-¿Lo conoces?


El muchacho italiano se encerró en el baño justo a tiempo. Al cerrar la puerta pudo oír cuatro cuerpos que chocaban contra la puerta. Pronto esos golpes se convirtieron en puñetazos a la puerta.
-¡Stefff! ¡Soy yo, Oiga! ¡Soy la que te ayudó cuando te rompiste los dientes!
-¡Serás pu(censurado)!-gritó Kika- ¡Esa fuí yo!
-¡Pero si solo conseguías balbucear como una cría pequeña!-replicó Forni.
O'Francisca consiguió abrir la puerta, ¡ya era suyo!
Stefff estaba aterrorizado contemplando la escena. Era como si cuatro hambrientas leonas lo estuvieran acechando y no tuviera escapatoria. Empezó a retroceder por el baño mientras las chicas avanzaban hacia él. Retrocedió y retrocedió, con tal mala suerte que tropezó contra un taburete, cayendo dentro de la bañera y quedándose insconsciente.
-¡Lo has matado!- culpó Oiga a Forni
Cuatro cabezas rodearon la bañera, contemplando al muchacho de sus sueños.
-A lo mejor si le doy un beso se despierta- propuso Kika ya decidida ha cumplir.
Oiga fue más rápida y la frenó.
-Esos labios donde pueda verlos, mona.
-¿Y si le hechamos agua?-Propuso Fornicienta.
O'Francisca se metió en la bañera para coger la ducha que colgaba de la pared. Kika accionó el agua fría mientras su ''amiga'' la enfocaba hacia la cara de Stefff.
-Moriros de envidia, chicas, me estoy duchando con Stefff.
-¡Trae me toca a mí!-gritó Fornicienta.
-Me parece que el agua fría no funciona, probaré la caliente.

Del agua empezó a salir vapor y pronto el espejo del baño se empañó entero. Las chicas comenzaron a sudar, parecían estar en una sauna.
-¡Quítala, le estás quemando la cara! ¡Quítala! ¡Quítala!
La ducha se apagó. De pronto las cuatro comenzaron a oír las bocinas de los coches patrulla y las luces azules y rojas invadieron la calle.
-¡Oh,no, la poli!
-¡Y nosotras con un cadáver!- lloraba Kika.
-¡No es un cadáver. idiota!
-¡Queréis mover el culo de una vez!
Las cuatro se levantaron del suelo y salieron aprisa de la casa, escapando de la policía entre el barullo de gente que salía de la casa de Lule. En ese momento se dieron cuenta de todos los destrozos que habían hecho en la casa, se miraron y vieron sus pelos despeinados y sus rostros arañados. Entonces las lágrimas agolparon sus ojos enfurecidos y las cuatro se fundieron en un abrazo colectivo.
-¡Siento haber insultado a tu Totem!
-Y yo haberme metido con Vicen Rubi.
Siguieron caminando en silencio en dirección a sus respectivas casas. La noche había sido rara, bastante rara, y todas tenían muchas cosas en las que pensar.
Oiga fue la primera en despedirse de ellas,pues cogía un camino diferente. Mientras caminaba calle arriba su mantenía una discusión con dos ''Oigas'' diferentes en su cabeza. Una de ellas le mostraba a Vicen Rubi, le hablaba de él, le recordaba sus ojos azules rusos. La otra le hablaba de Steff, de su acento italiano, de sus bíceps, tríceps y demás -iceps que formaban su cuerpo, de sus ojos verdes sicilianos... incluso de su carencia de paleta.
¿Cuál era la voz que debía oír? ¿Vicen Rubi, ese amor platónico que la veía como a su ''perrriquito''? ¿O Stefff, el nuevo chico de la ciudad que podría convertirse en algo más que un amigo?
En eso pensaba la chica mientras volvía a casa, sin mirar a su derecha, ni a su izquierda. Sin mirar a las personas que paseaban por la calle... y sin fijarse en el misterioso niño que la observaba desde la acera de enfrente.





capítulo 3: la noticia

Ya había transcurrido algo más de una semana desde que ocurrió el pequeño incidente con el chico llamado Stefff. Todo había vuelto a la normalidad, o casi todo... Habían pasado el día de san Valentín juntas en el huerto de Fornicienta comiendo chocolate mientras veían Moulin Rouge por vigésima cuarta vez y lloraban como cuatro magdalenas idiotas.




Ese día, era martes, caminaban risueñas por el camino pedregoso y lleno de tierra pardusca las cuatro amigas ,cogidas por los codos formando una cadena humana que se llevaba por delante a aquel que osaba pasar entre sus bien sujetos eslabones.




-Ahhh-suspiró entonces O´Francisca.
-¿Qué pasa?-preguntó Oiga, que iba a su lado.

O´Francisca sonrió . Miro a sus amigas y se rió a mandíbula batiente, dejando a sus compañeras patidifusas. Al ver sus caras de estupefacción volvió a reírse, tanto que casi se le saltan las lágrimas.

-Creo que se ha vuelto loca-susurró Fornicienta a Kika. Ésta última se encogió de hombros.
-¿Qué te pasa O´Francisca?-preguntó de nuevo Oiga.

Entonces O´Francisca se soltó del brazo de su amiga y se puso frente a ellas para que todas pudieran oírla bien y que no se perdieran ni un solo detalle del relato que estaba a punto de contarles.

-Tías no sabéis lo que me ha pasado...-empezó con aire misterioso.-Estaba yo tan feliz de vuelta a casa como siempre con Bova en el autobús que me lleva a mi casa, ¿no? Bueno, y como mi hermano no había venido hoy al cole porque se encontraba mal, pensé que era mi oportunidad de decirle a Totem lo que siento por él.

Paró un momento dejando que sus amigas, a las que había pillado desprevenidas se recuperaran de ese pequeño shock. Cuando creyó que ya podía continuar, retomó de nuevo su relato.

-Bueno, como iba diciendo, iba con Bova y le conté mis intenciones así que ella como una buena a miga se metió por la primera calle que encontró y nos dejó solos. Me acerqué a Totem y nos pusimos a hablar de cosas del colegio y entonces, cuando ya estábamos llegando al punto donde nos separábamos, me paré, le miré a los ojos y se lo solté todo. A cada palabra que iba diciendo se ponía cada vez más rojo y después del pequeño discurso de declaración de amor le dije lo típico:
-Bueno, espero que después de esto sigamos siendo amigos.
Pero él negó con la cabeza.

Sus amigas se quedaron con los ojos abiertos como platos.

-¿¡Que te dijo qué!?-gritó furiosa Fornicienta.-¡Será cabrón! Ya le enseñaré yo a...

-Eh, eh, tranquilízate-la interrumpió O´Francisca-, que aún no he terminado.

Se aclaró la garganta y prosiguió:

-Me dijo eso ,¿no? Y bueno entonces yo pensé que me pondría a llorar ahí mismo, delante de él. Los ojos se me fueron llenando de lágrimas y bajé la cabeza bruscamente para que no me viera llorar. Pero él hizo un gesto precioso que no olvidaré: Me alzó la barbilla y me obligó a mirarle a los ojos. Y entonces dijo: Y ahí si que lloré, pero lloré de felicidad y él...¡ahh!-gritó llena de júbilo- ¡¡¡Él me besó!!!


Kika, Fornicienta y Oiga no podían creer lo que acababan de oír. ¡O´Francisca tenía novio! Y no uno cualquiera si no Totem, ¡Totem Pocohontos!El joven venido de las reservas americanas del que llevaba enamorada desde hacía dos años. La abrazaron y le dieron la enhorabuena. Estaban muy contentas, contentísimas de que su amiga por fin hubiera alcanzado lo que había estado soñando desde el momento en que Totem entró en su clase.


Siguieron caminando hasta que llegaron al final del malecón. Se separaron en el cruce de la carretera. Oiga se fue para la izquierda, como de costumbre, con su pelo revoltoso ondeando en el aire. Fornicienta se fue con ella pues se iban juntas hasta que la madre de Fornicienta pasaba con la camioneta y se la llevaba a casa, a trabajar al huerto un ratito antes de comer. O´Francisca y Bova se quedaban esperando al autobús, que no tardaría en llegar. Bova sabía que ese día se sentaría sola así que se dispuso a coger una buena posición para poder pasar de las primeras cuando el autobús abriera la puerta. Kika siguió recto pues era la única que se iba por ese camino y tenía que irse andando sola.




O´Francisca estaba nerviosa. Era el primer día que ella y su Totem pasaban como novios y lo único que habían hecho habían sido un par de manitas y algún que otro pico entre clase y clase. Una vez les había llamado la atención. O´Francisca sonrió. " Pocohontos, Luminiscencia" había dicho el profesor llamándolos por sus apellidos," déjense de tanta manita y atiendan".

Por fin llegó el momento esperado. Totem llegó a su lado y la beso suavemente en los labios. Por supuesto se sentaron juntos en el autobús y la pobre Bova se tuvo que sentar al lado de Tiano, el cual no le hacía mucha gracia, pues era el único asiento libre que quedaba. Cuando llegaron a su parada se bajaron cogiditos de la mano y cuando llegó el momento de la despedida, Totem y O´Francisca se besaron apasionadamente.



Oiga y Fornicienta siguieron caminando juntas y entonces surgió la pregunta, aquella pregunta tan esperada debido a la situación.


-¿Cuándo piensas decírselo a Vicen Rubi?-preguntó Forni.

-Ay Forni calla-dijo Oiga sonrojándose-.

-No, nada de callarme. Debes seguir el ejemplo de O´Franciasca. Si no te vas a quedar a dos velas Oiga.

-Ya lo se Fornicienta, pero lo mío es un amor plátonico que...

-Que podría hacerse realidad si se lo dijeras-la cortó Fornicienta.

-Tú no lo entiendes.

-Mira, sé que no es el mejor ejemplo, pero si yo no me hubiera lanzado con Tiano no hubiera salido con él.

-Y mira cómo habéis acabado. Ni siquiera os habláis. Yo no quiero acabar así con Vicen Rubi.

-Ya, te dije que era un mal ejemplo. Además no tenéis por qué acabar así.

-Bueno cállate que por ahí viene.


En efecto, Vicen Rubi se acercaba a ellas con ese paso tan distinguido: espalda recta, cabeza bien alta y con su chaqueta vaquera colgada al hombro, sujeta por dos de sus dedos. Miraba al frente y sus ojos, aquellos característicos ojos azules, se cruzaron con los de Oiga, quien bajó la mirada.

-Hola perrriquito-sonrió él (se nota poco que es ruso...)-.¿Quierrres que te acompañe a casa? Me pilla de camino.

Oiga asintió y se fueron los dos juntos. Fornicienta le dijo por señas que después la llamara y allí se quedó mirando cómo se alejaba la parejita feliz.



Por otro lado, nada más llegar a su casa, Kika se lo contó todo a su hermana Columientos, quien no creía ni una palabra de lo que le estaba diciendo su hermana.

-Que O´Francisca tiene, ¿qué?

-Nooooovioooo-dijo su hermana ya desesperada de tanto repetirlo.-Y además no han parado de hacer manitas.¡Si hasta les han llamado la atención!

-Qué fuerte... Y yo que creía que era la típica chiquilla que le daba vergüenza todo, incluso rozar su mano...

Tras unos segundos de silencio, Kika sé cruzó de brazos y se enfurruñó como si de una niña pequeña se tratase. Pobre chiquilla, estaba en aquella semana por la que todas las mujeres tienen que pasar al menos una vez al mes...

Fragmento de ''A tres metros sobre el cielo'':
El motivo de ese nerviosismo que, una vez al mes, atrapa tarde o temprano a toda joven y que cuando no llega las pone más nerviosas o las convierte en mamá.

Volvemos a ''A tres metros bajo tierra??:

El motivo de ese humor de perro al que le acaban de atropellar la cola que tarde o temprano acaba poseyendo a toda mujer y las pone histéricas. ¡Qué digo histéricas! Son capaces de sacarte un ojo si te descuidas y, de pronto, estar llorando porque la mamá de Bambi se ha muerto. Y, bueno, si la regla... perdón, ''el motivo'', se retrasa o no llega... mejor esconderse debajo de la mesa.

-¡Jo! ¡O´Francisca tiene novio y yo no! Yo también quiero.-dijo Kika dando patadas al suelo y haciendo un puchero.

-Pues ya sabes dónde está Rocco-dijo Columientos.

Kika la miró con odio y se lanzó sobre ella (os lo he dicho, capaces de sacarle un ojo a su propia hermana), comenzando así otra de las millones de peleas entre las hermanas Maíz-Tostado.




Mientras tanto, la madre de Fornicienta había recogido a su hija. Estaba aparcando el coche en el oscuro garaje cuando una sombra cruzó veloz frente a ellas y se puso en medio, imposibilitando la maniobra. La madre de Forni pegó tal pitorrada que creyeron que se quedarían sordas. Una risita aguda llegó desde el lugar donde se encontraba la sombra. La madre de Fornicienta encendió las luces que hasta ese momento no habían hecho falta, pues la luz que entraba de fuera era suficiente. Los faron del coche alumbraron la cara de una morena muchacha de pelo castaño rizado lleno de bucles que se tapaba la boca con la mano.


-¡Hola!-chilló entonces la muchacha.

-¡Facundación!-gritó la madre de Forni enfurecida.-¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso? ¡Te podríamos haber atropellado!

-Pero señora, esta es solo la diez vez que lo hago.

-Se dice décima-dijo Fornicienta.

-Pues eso. Venía a decirle a Forni si quería venir a mi huerto a ayudarme a recoger tomates.

Forni miró a su madre. Facundación Haspenn era su vecina y digamos que no le caía muy
bien. Su madre asintió le hizo un movimiento de cabeza para indicarle a su hija que bajara de la camioneta destartalada y llena de barro. Fornicienta entrecerró los ojos y apretó los puños con rabia. Facun , como le gustaba que la llamaran, sonrió de oreja a oreja cuando la vio bajar del coche y corrió a su encuentro. Fornicienta no pudo evitar darle un ligero repasón. Facun no había cambiado nada, seguía igual: metiendo barriga una cosa exagerada, con esos grandes pechos de los que tenía algo de envidia y con ese moreno que la ponía negra. Cada vez que la veía se preguntaba por qué ella tenía la piel blanca y paliducha mientras que su vecina tenía un moreno de envidia. Siempre llegaba a la misma conclusión "será porque ella se pasa horas y horas al sol, en el huerto, mientras que yo sólo estoy dos o tres". Luego se regocijaba pensando " por lo menos yo voy al colegio, no como ella".

Y con este nuevo pensamiento dejó que Facun la agarrara del brazo y se la llevara al huerto, a recoger esos estúpidos tomates.





Tras una árdua pelea, las hermanas Maíz-Tostado se dejaron caer en sendas camas respirando con dificultad, recobrando el aliento. Después de unos minutos Kika se levantó, cogió su chaquetón y se dispuso a salir.

-¿A dónde vas?-preguntó Columientos, incorporándose.

-A la calle.

-Pero si hoy es martes.

-Lo sé-Kika cogió las llaves y el móvil.

-¿Entonces?

Kika abrió la puerta y se volvió hacia su hermana.

-A ver Columientos, papá y mamá han salido y no volverás hasta las siete o así. Tengo unas cinco horas para encontrar a algún chico guapo al que pillar.

-Dios y todavía sigue con eso.

-Sí y cállate. Si papá y mamá vuelven antes, diles que he ido a por los pequeños, ¿vale? Ah, por cierto, hoy te toca llevar a los dos canijos al colegio.

Y antes de que Columientos pudiera protestar, Kika cerró la puerta y bajó corriendo las escaleras. Ya sabía que iba a volver con las manos vacías y que entonces su depresión sería mayor, pero no le importaba. Salió a la calle y fue directa al centro. Si hubiera estado más atenta se habría dado cuenta de que la observaban. Un niño, encondido detrás de un coche la miraba fijamente mientras Kika cruzaba a todo correr la carretera. La bufanda que llevaba puesta el niño, en el lugar donde debería estar su boca, ondeaba al viento de una manera espeluznante...

viernes, 5 de marzo de 2010

Capítulo 2 la entrada triunfal de Stefff!

San Valentín… Un día cualquiera. El sol sale por la mañana, y se vuelve a meter por la noche, nada de extraño, todo el mundo sabe que San Valentín es una fiesta inventada por los grandes almacenes para incitar a los pobres o lo que en mi pueblo se llama “pringados”, que caen en la idiotez del amor. Todos lo sabían, todos, todos, menos cuatro chiquillas.
Fornicienta era siempre la más afectada en estos temas, porque ¡ojo!, que su nombre no os engañe, porque es una romántica sin solución. Debido a la gran insistencia de esta chica, todas sus amigas se vieron obligadas a acompañarla el día de San Valentín, no fuera que acabara con todo el chocolate de la ciudad.
-¡Hola chicas!- saludó efusivamente Fornicienta, mientras se fundía en un abrazo son sus amigas inseparables: Kika, O´francisca y Oiga.
–Bueno, ¿qué hacemos?
-Pero ¡vamos a ver!, si eras tú la que quería quedar- dijo O´francisca ofendida, se lo habría pasado mucho mejor viendo las fotos de su Totem y leyendo novelas románticas.
-Bueno, bueno, que haya paz- dijo Oiga-¡ Podemos ir al parque!
-Si, si, ¡vamos al parque! –dijo Kika, que ya tenía en mente tirar a alguna por algún tobogán.
Enseguida llegaron al parque y se sentaron en la hierba, al ser una ciudad cálida de un país cálido (como se nota que alguien no me deja poner el nombre… ¬¬), pese a la fecha, hacía muy buen tiempo, y el sol las calentaba.
-¡Otro San Valentín sin cacho!-exclamó Kika.
-¡Es que ya os lo dije! ‘Teníamos que haber buscado a un violador! Y así esto no habría pasado! JUm!- dijo Oiga, que últimamente tenía una extraña obsesión con los violadores. La historia de Oiga era compleja, ella estaba perdidamente enamorada de Vicenrubi, un chico rubio de su instituto, cuyos padres eran rusos, lo que lo dotaba de un acento que Oiga encontraba muy sexy. A su vez Vicenrubi, estaba también muy enamorado de esta, pero tampoco lo admitía públicamente, sólo era detectado por gente muy cercana a él, como era el caso de Fornicienta, que se habían criado juntos en el huerto. Pero como Oiga era muy desconfiada, no se lo creía, y todas creían que iban a estar así toda la vida.
-¡A ver! ¡Esto hay que solucionarlo! Yo os prometo que no vuelvo a pasar un San Valentín sola, el año que viene por estas fechas si Totem no me ha dicho nada, que está a punto, ¡se lo digo yo!- exclamó O’francisca.
Totem era el chico por el cual O'Francisca suspiraba todas las noches desde que el susodicho llegó de América. No hace falta decir que era de ascendencia india, y venía directamente de una reserva de indios americana. Sí, ya habréis comprobado que O'Francisca tenía unos gustos bastantes exóticos.
- Es que tú lo tienes fácil mona, ¿pero y yo? Es que a mí no me gusta nadie… -dijo apesadumbrada Kika.
-¡Ni a mí tampoco!- se deprimió Fornicienta.
- ¿ Y el “verde”? –exclamaron todas a la vez sonriendo.
-Dios mío! Año y pico con la tontería del verde y seguís igual, ¡ya sabéis que no me gusta! ¡No quiero que lo volváis a nombrar nunca más!
-Vaaaale- dijeron todas, pero no tardarían en volver a hacerlo.
Mientras tanto un chico iba por la calle mojada, su flequillo al viento, disfrutando de la sensación de velocidad, cerró los ojos un momento.
-Es que Dios, ya que es tan bueno, ¡podría enviarnos a un chico del cielo!- dijo O’francisca.
El misterioso chico continuaba su carrera, ya se estaba imaginando como el campeón de una competición, todos gritando su nombre, y apenas unos escasos metros separándolo de la meta. PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII. El grave pitido de un camión le sacó de sus ensoñaciones dándole un buen susto, no estaba a escasos metros de la meta, estaba a escasos metros del camión. Fue tal el susto que se llevó que su reacción fue la de subir el bordillo de lado, y claro, la bici paró en seco mientras que él salió volando unos cuantos metros, con tal mala pata de comerse las escaleras. Las chicas estaban tumbadas en la hierba, soñando con encontrar a su príncipe azul, cuando el chico más guapo que habían visto en la ciudad pasó volando sobre sus cabezas.
Todo fue muy confuso, en menos de un segundo todas se encontraban al lado del chico, que yacía en las escaleras de una forma un tanto patética. Incluso de esa forma todas lo encontraron terriblemente atractivo, todo hay que decirlo, su ciudad no se caracterizaba por tener chicos demasiado guapos. El chico poco a poco levantó la cara, con una mueca extraña y todas suspiraron quedándose casi asfixiadas al ver sus grandes y preciosos ojos verdes. En ese momento el extraño chico soltó un escupitajo sangriento que rompió el hechizo que había paralizado a las cuatro amigas, aunque sólo momentáneamente.
-Ho-o-ola- dijo Kika un tanto tímida.
-¿Te encuentras bien?- estuvo más hábil Oiga.
El chico asintió débilmente al borde de las lágrimas.
-¿Có-o-mo te llamas?- no perdió el tiempo Fornicienta, no todos los días se presentaba alguien así en su vida…
El chico las miró confuso, no se encontraba en su mejor momento, las lágrimas amenazaban con salir en torrente pero se contuvo, era nuevo y no podía permitirse el lujo de quedar como el llorica y que ese mote pasara de generación en generación.
-Stefff- dijo el pobre chico como pudo pese a tener varios dientes rotos.
-¿Stefff?- preguntó amablemente O’francisca, mostrando una sonrisa forzosamente encantadora.
El chico negó débilmente, su verdadero nombre era Step, pero nadie le hizo caso pues todas saltaron en un suspiro:
-Stefff… ¡Qué nombre tan bonito!
-¿Quieres que te ayudemos en algo?- dijo ya Kika con más confianza, se había quedado totalmente enamorada de esos ojos verdes, y no iba a dejarlos escapar tan rápido.
-No.. gracias… Estoy bien de verdad… ya me voy.
Y con las mismas, el misterioso chico subió a la bicicleta y tambaleándose huyó de aquel lugar intentando olvidar el increíble ridículo que había hecho. Las chicas estaban demasiado conmocionadas ante un rostro tan guapo para darse cuenta de que Stefff se había marchado.
-¡Pero qué se ha ido!- fue la primera en percatarse Oiga, mientras el resto seguían contemplando la esquina por la que se había marchado.
-¿Qué?- suspiró débilmente Fornicienta todavía en sus pensamientos.
-¡¿Cómo?!- gritó O’francisca encolerizada.
-¡Ha sido por vuestra culpa! Tantas preguntas y lo habéis asustado- gritó Oiga.
-¡No, al contrario! ¡teníamos que haberlo retenido!- saltó Kika.
-¡Pero chicas!¡ Cómo es posible que hayáis dejado escapar a un chico así! ¡Por dios! ¡Qué no se ve todos los días!- exclamó Fornicienta, que acababa de volver de sus ensoñaciones.
En seguida se metieron en una pelea elevada de tono, todas querían encontrar un culpable por el cual ya no estaba Stefff con ellas. Todas creían ver en Stefff a su príncipe azul particular.
-Bueno chicas, tampoco es para tanto… no podemos ser así… Nuestra amistad es lo más importante.- cedió Kika al fin.
-Tienes razón- la apoyaron al unísono Oiga y Fornicienta. O’francisca asintió. Todas suspiraron hondo.
-Vamos a prometer que no nos pelearemos más por ningún chico, ni por Stefff… -todas asintieron-y la única manera es que ninguna salga con él.
Las últimas palabras de O’francisca calaron hondo entre todas, a alguna se le escapó algún gritito. Ya se veían casadas y con varios hijos con esos grandes ojos verdes. Pero al mismo tiempo vieron que O’francisca tenía razón, si alguna salía con Stefff, el resto no se lo perdonaría jamás.
-De acuerdo- dijo Kika.
-Estoy contigo, Stefff no es para nosotras- corroboró suspirando Oiga.
-Mmmm-dijo Fornicienta.
Las cuatro entrelazaron los brazos y juntaron sus cabezas, su posición favorita desde hacía unos meses. En ese momento vieron la cabeza de un niño asomarse por debajo para intentar espiarlas. Gritaron y se soltaron rápidamente, haciendo que el niño saliera corriendo. Si se hubieran fijado mejor se habrían dado cuenta de que no era un niño normal. Se habrían dado cuenta de que ese niño... llevaba una bufanda que cubría el lugar donde se suponía debía estar su .....boca.