viernes, 5 de marzo de 2010

Capítulo 2 la entrada triunfal de Stefff!

San Valentín… Un día cualquiera. El sol sale por la mañana, y se vuelve a meter por la noche, nada de extraño, todo el mundo sabe que San Valentín es una fiesta inventada por los grandes almacenes para incitar a los pobres o lo que en mi pueblo se llama “pringados”, que caen en la idiotez del amor. Todos lo sabían, todos, todos, menos cuatro chiquillas.
Fornicienta era siempre la más afectada en estos temas, porque ¡ojo!, que su nombre no os engañe, porque es una romántica sin solución. Debido a la gran insistencia de esta chica, todas sus amigas se vieron obligadas a acompañarla el día de San Valentín, no fuera que acabara con todo el chocolate de la ciudad.
-¡Hola chicas!- saludó efusivamente Fornicienta, mientras se fundía en un abrazo son sus amigas inseparables: Kika, O´francisca y Oiga.
–Bueno, ¿qué hacemos?
-Pero ¡vamos a ver!, si eras tú la que quería quedar- dijo O´francisca ofendida, se lo habría pasado mucho mejor viendo las fotos de su Totem y leyendo novelas románticas.
-Bueno, bueno, que haya paz- dijo Oiga-¡ Podemos ir al parque!
-Si, si, ¡vamos al parque! –dijo Kika, que ya tenía en mente tirar a alguna por algún tobogán.
Enseguida llegaron al parque y se sentaron en la hierba, al ser una ciudad cálida de un país cálido (como se nota que alguien no me deja poner el nombre… ¬¬), pese a la fecha, hacía muy buen tiempo, y el sol las calentaba.
-¡Otro San Valentín sin cacho!-exclamó Kika.
-¡Es que ya os lo dije! ‘Teníamos que haber buscado a un violador! Y así esto no habría pasado! JUm!- dijo Oiga, que últimamente tenía una extraña obsesión con los violadores. La historia de Oiga era compleja, ella estaba perdidamente enamorada de Vicenrubi, un chico rubio de su instituto, cuyos padres eran rusos, lo que lo dotaba de un acento que Oiga encontraba muy sexy. A su vez Vicenrubi, estaba también muy enamorado de esta, pero tampoco lo admitía públicamente, sólo era detectado por gente muy cercana a él, como era el caso de Fornicienta, que se habían criado juntos en el huerto. Pero como Oiga era muy desconfiada, no se lo creía, y todas creían que iban a estar así toda la vida.
-¡A ver! ¡Esto hay que solucionarlo! Yo os prometo que no vuelvo a pasar un San Valentín sola, el año que viene por estas fechas si Totem no me ha dicho nada, que está a punto, ¡se lo digo yo!- exclamó O’francisca.
Totem era el chico por el cual O'Francisca suspiraba todas las noches desde que el susodicho llegó de América. No hace falta decir que era de ascendencia india, y venía directamente de una reserva de indios americana. Sí, ya habréis comprobado que O'Francisca tenía unos gustos bastantes exóticos.
- Es que tú lo tienes fácil mona, ¿pero y yo? Es que a mí no me gusta nadie… -dijo apesadumbrada Kika.
-¡Ni a mí tampoco!- se deprimió Fornicienta.
- ¿ Y el “verde”? –exclamaron todas a la vez sonriendo.
-Dios mío! Año y pico con la tontería del verde y seguís igual, ¡ya sabéis que no me gusta! ¡No quiero que lo volváis a nombrar nunca más!
-Vaaaale- dijeron todas, pero no tardarían en volver a hacerlo.
Mientras tanto un chico iba por la calle mojada, su flequillo al viento, disfrutando de la sensación de velocidad, cerró los ojos un momento.
-Es que Dios, ya que es tan bueno, ¡podría enviarnos a un chico del cielo!- dijo O’francisca.
El misterioso chico continuaba su carrera, ya se estaba imaginando como el campeón de una competición, todos gritando su nombre, y apenas unos escasos metros separándolo de la meta. PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII. El grave pitido de un camión le sacó de sus ensoñaciones dándole un buen susto, no estaba a escasos metros de la meta, estaba a escasos metros del camión. Fue tal el susto que se llevó que su reacción fue la de subir el bordillo de lado, y claro, la bici paró en seco mientras que él salió volando unos cuantos metros, con tal mala pata de comerse las escaleras. Las chicas estaban tumbadas en la hierba, soñando con encontrar a su príncipe azul, cuando el chico más guapo que habían visto en la ciudad pasó volando sobre sus cabezas.
Todo fue muy confuso, en menos de un segundo todas se encontraban al lado del chico, que yacía en las escaleras de una forma un tanto patética. Incluso de esa forma todas lo encontraron terriblemente atractivo, todo hay que decirlo, su ciudad no se caracterizaba por tener chicos demasiado guapos. El chico poco a poco levantó la cara, con una mueca extraña y todas suspiraron quedándose casi asfixiadas al ver sus grandes y preciosos ojos verdes. En ese momento el extraño chico soltó un escupitajo sangriento que rompió el hechizo que había paralizado a las cuatro amigas, aunque sólo momentáneamente.
-Ho-o-ola- dijo Kika un tanto tímida.
-¿Te encuentras bien?- estuvo más hábil Oiga.
El chico asintió débilmente al borde de las lágrimas.
-¿Có-o-mo te llamas?- no perdió el tiempo Fornicienta, no todos los días se presentaba alguien así en su vida…
El chico las miró confuso, no se encontraba en su mejor momento, las lágrimas amenazaban con salir en torrente pero se contuvo, era nuevo y no podía permitirse el lujo de quedar como el llorica y que ese mote pasara de generación en generación.
-Stefff- dijo el pobre chico como pudo pese a tener varios dientes rotos.
-¿Stefff?- preguntó amablemente O’francisca, mostrando una sonrisa forzosamente encantadora.
El chico negó débilmente, su verdadero nombre era Step, pero nadie le hizo caso pues todas saltaron en un suspiro:
-Stefff… ¡Qué nombre tan bonito!
-¿Quieres que te ayudemos en algo?- dijo ya Kika con más confianza, se había quedado totalmente enamorada de esos ojos verdes, y no iba a dejarlos escapar tan rápido.
-No.. gracias… Estoy bien de verdad… ya me voy.
Y con las mismas, el misterioso chico subió a la bicicleta y tambaleándose huyó de aquel lugar intentando olvidar el increíble ridículo que había hecho. Las chicas estaban demasiado conmocionadas ante un rostro tan guapo para darse cuenta de que Stefff se había marchado.
-¡Pero qué se ha ido!- fue la primera en percatarse Oiga, mientras el resto seguían contemplando la esquina por la que se había marchado.
-¿Qué?- suspiró débilmente Fornicienta todavía en sus pensamientos.
-¡¿Cómo?!- gritó O’francisca encolerizada.
-¡Ha sido por vuestra culpa! Tantas preguntas y lo habéis asustado- gritó Oiga.
-¡No, al contrario! ¡teníamos que haberlo retenido!- saltó Kika.
-¡Pero chicas!¡ Cómo es posible que hayáis dejado escapar a un chico así! ¡Por dios! ¡Qué no se ve todos los días!- exclamó Fornicienta, que acababa de volver de sus ensoñaciones.
En seguida se metieron en una pelea elevada de tono, todas querían encontrar un culpable por el cual ya no estaba Stefff con ellas. Todas creían ver en Stefff a su príncipe azul particular.
-Bueno chicas, tampoco es para tanto… no podemos ser así… Nuestra amistad es lo más importante.- cedió Kika al fin.
-Tienes razón- la apoyaron al unísono Oiga y Fornicienta. O’francisca asintió. Todas suspiraron hondo.
-Vamos a prometer que no nos pelearemos más por ningún chico, ni por Stefff… -todas asintieron-y la única manera es que ninguna salga con él.
Las últimas palabras de O’francisca calaron hondo entre todas, a alguna se le escapó algún gritito. Ya se veían casadas y con varios hijos con esos grandes ojos verdes. Pero al mismo tiempo vieron que O’francisca tenía razón, si alguna salía con Stefff, el resto no se lo perdonaría jamás.
-De acuerdo- dijo Kika.
-Estoy contigo, Stefff no es para nosotras- corroboró suspirando Oiga.
-Mmmm-dijo Fornicienta.
Las cuatro entrelazaron los brazos y juntaron sus cabezas, su posición favorita desde hacía unos meses. En ese momento vieron la cabeza de un niño asomarse por debajo para intentar espiarlas. Gritaron y se soltaron rápidamente, haciendo que el niño saliera corriendo. Si se hubieran fijado mejor se habrían dado cuenta de que no era un niño normal. Se habrían dado cuenta de que ese niño... llevaba una bufanda que cubría el lugar donde se suponía debía estar su .....boca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario