Ese día, era martes, caminaban risueñas por el camino pedregoso y lleno de tierra pardusca las cuatro amigas ,cogidas por los codos formando una cadena humana que se llevaba por delante a aquel que osaba pasar entre sus bien sujetos eslabones.
-Ahhh-suspiró entonces O´Francisca.
-Eh, eh, tranquilízate-la interrumpió O´Francisca-, que aún no he terminado.
Kika, Fornicienta y Oiga no podían creer lo que acababan de oír. ¡O´Francisca tenía novio! Y no uno cualquiera si no Totem, ¡Totem Pocohontos!El joven venido de las reservas americanas del que llevaba enamorada desde hacía dos años. La abrazaron y le dieron la enhorabuena. Estaban muy contentas, contentísimas de que su amiga por fin hubiera alcanzado lo que había estado soñando desde el momento en que Totem entró en su clase.
Siguieron caminando hasta que llegaron al final del malecón. Se separaron en el cruce de la carretera. Oiga se fue para la izquierda, como de costumbre, con su pelo revoltoso ondeando en el aire. Fornicienta se fue con ella pues se iban juntas hasta que la madre de Fornicienta pasaba con la camioneta y se la llevaba a casa, a trabajar al huerto un ratito antes de comer. O´Francisca y Bova se quedaban esperando al autobús, que no tardaría en llegar. Bova sabía que ese día se sentaría sola así que se dispuso a coger una buena posición para poder pasar de las primeras cuando el autobús abriera la puerta. Kika siguió recto pues era la única que se iba por ese camino y tenía que irse andando sola.
O´Francisca estaba nerviosa. Era el primer día que ella y su Totem pasaban como novios y lo único que habían hecho habían sido un par de manitas y algún que otro pico entre clase y clase. Una vez les había llamado la atención. O´Francisca sonrió. " Pocohontos, Luminiscencia" había dicho el profesor llamándolos por sus apellidos," déjense de tanta manita y atiendan".
Por fin llegó el momento esperado. Totem llegó a su lado y la beso suavemente en los labios. Por supuesto se sentaron juntos en el autobús y la pobre Bova se tuvo que sentar al lado de Tiano, el cual no le hacía mucha gracia, pues era el único asiento libre que quedaba. Cuando llegaron a su parada se bajaron cogiditos de la mano y cuando llegó el momento de la despedida, Totem y O´Francisca se besaron apasionadamente.
Oiga y Fornicienta siguieron caminando juntas y entonces surgió la pregunta, aquella pregunta tan esperada debido a la situación.
-¿Cuándo piensas decírselo a Vicen Rubi?-preguntó Forni.
-No, nada de callarme. Debes seguir el ejemplo de O´Franciasca. Si no te vas a quedar a dos velas Oiga.
-Ya lo se Fornicienta, pero lo mío es un amor plátonico que...
-Que podría hacerse realidad si se lo dijeras-la cortó Fornicienta.
-Tú no lo entiendes.
-Mira, sé que no es el mejor ejemplo, pero si yo no me hubiera lanzado con Tiano no hubiera salido con él.
-Y mira cómo habéis acabado. Ni siquiera os habláis. Yo no quiero acabar así con Vicen Rubi.
-Ya, te dije que era un mal ejemplo. Además no tenéis por qué acabar así.
-Bueno cállate que por ahí viene.
En efecto, Vicen Rubi se acercaba a ellas con ese paso tan distinguido: espalda recta, cabeza bien alta y con su chaqueta vaquera colgada al hombro, sujeta por dos de sus dedos. Miraba al frente y sus ojos, aquellos característicos ojos azules, se cruzaron con los de Oiga, quien bajó la mirada.
-Hola perrriquito-sonrió él (se nota poco que es ruso...)-.¿Quierrres que te acompañe a casa? Me pilla de camino.
Oiga asintió y se fueron los dos juntos. Fornicienta le dijo por señas que después la llamara y allí se quedó mirando cómo se alejaba la parejita feliz.
Por otro lado, nada más llegar a su casa, Kika se lo contó todo a su hermana Columientos, quien no creía ni una palabra de lo que le estaba diciendo su hermana.
-Que O´Francisca tiene, ¿qué?
-¿Qué pasa?-preguntó Oiga, que iba a su lado.
O´Francisca sonrió . Miro a sus amigas y se rió a mandíbula batiente, dejando a sus compañeras patidifusas. Al ver sus caras de estupefacción volvió a reírse, tanto que casi se le saltan las lágrimas.
-Creo que se ha vuelto loca-susurró Fornicienta a Kika. Ésta última se encogió de hombros.
-¿Qué te pasa O´Francisca?-preguntó de nuevo Oiga.
Entonces O´Francisca se soltó del brazo de su amiga y se puso frente a ellas para que todas pudieran oírla bien y que no se perdieran ni un solo detalle del relato que estaba a punto de contarles.
-Tías no sabéis lo que me ha pasado...-empezó con aire misterioso.-Estaba yo tan feliz de vuelta a casa como siempre con Bova en el autobús que me lleva a mi casa, ¿no? Bueno, y como mi hermano no había venido hoy al cole porque se encontraba mal, pensé que era mi oportunidad de decirle a Totem lo que siento por él.
Paró un momento dejando que sus amigas, a las que había pillado desprevenidas se recuperaran de ese pequeño shock. Cuando creyó que ya podía continuar, retomó de nuevo su relato.
-Bueno, como iba diciendo, iba con Bova y le conté mis intenciones así que ella como una buena a miga se metió por la primera calle que encontró y nos dejó solos. Me acerqué a Totem y nos pusimos a hablar de cosas del colegio y entonces, cuando ya estábamos llegando al punto donde nos separábamos, me paré, le miré a los ojos y se lo solté todo. A cada palabra que iba diciendo se ponía cada vez más rojo y después del pequeño discurso de declaración de amor le dije lo típico:
-Bueno, espero que después de esto sigamos siendo amigos.
Pero él negó con la cabeza.
Sus amigas se quedaron con los ojos abiertos como platos.
-¿¡Que te dijo qué!?-gritó furiosa Fornicienta.-¡Será cabrón! Ya le enseñaré yo a...
O´Francisca sonrió . Miro a sus amigas y se rió a mandíbula batiente, dejando a sus compañeras patidifusas. Al ver sus caras de estupefacción volvió a reírse, tanto que casi se le saltan las lágrimas.
-Creo que se ha vuelto loca-susurró Fornicienta a Kika. Ésta última se encogió de hombros.
-¿Qué te pasa O´Francisca?-preguntó de nuevo Oiga.
Entonces O´Francisca se soltó del brazo de su amiga y se puso frente a ellas para que todas pudieran oírla bien y que no se perdieran ni un solo detalle del relato que estaba a punto de contarles.
-Tías no sabéis lo que me ha pasado...-empezó con aire misterioso.-Estaba yo tan feliz de vuelta a casa como siempre con Bova en el autobús que me lleva a mi casa, ¿no? Bueno, y como mi hermano no había venido hoy al cole porque se encontraba mal, pensé que era mi oportunidad de decirle a Totem lo que siento por él.
Paró un momento dejando que sus amigas, a las que había pillado desprevenidas se recuperaran de ese pequeño shock. Cuando creyó que ya podía continuar, retomó de nuevo su relato.
-Bueno, como iba diciendo, iba con Bova y le conté mis intenciones así que ella como una buena a miga se metió por la primera calle que encontró y nos dejó solos. Me acerqué a Totem y nos pusimos a hablar de cosas del colegio y entonces, cuando ya estábamos llegando al punto donde nos separábamos, me paré, le miré a los ojos y se lo solté todo. A cada palabra que iba diciendo se ponía cada vez más rojo y después del pequeño discurso de declaración de amor le dije lo típico:
-Bueno, espero que después de esto sigamos siendo amigos.
Pero él negó con la cabeza.
Sus amigas se quedaron con los ojos abiertos como platos.
-¿¡Que te dijo qué!?-gritó furiosa Fornicienta.-¡Será cabrón! Ya le enseñaré yo a...
-Eh, eh, tranquilízate-la interrumpió O´Francisca-, que aún no he terminado.
Se aclaró la garganta y prosiguió:
-Me dijo eso ,¿no? Y bueno entonces yo pensé que me pondría a llorar ahí mismo, delante de él. Los ojos se me fueron llenando de lágrimas y bajé la cabeza bruscamente para que no me viera llorar. Pero él hizo un gesto precioso que no olvidaré: Me alzó la barbilla y me obligó a mirarle a los ojos. Y entonces dijo: Y ahí si que lloré, pero lloré de felicidad y él...¡ahh!-gritó llena de júbilo- ¡¡¡Él me besó!!!
-Me dijo eso ,¿no? Y bueno entonces yo pensé que me pondría a llorar ahí mismo, delante de él. Los ojos se me fueron llenando de lágrimas y bajé la cabeza bruscamente para que no me viera llorar. Pero él hizo un gesto precioso que no olvidaré: Me alzó la barbilla y me obligó a mirarle a los ojos. Y entonces dijo: Y ahí si que lloré, pero lloré de felicidad y él...¡ahh!-gritó llena de júbilo- ¡¡¡Él me besó!!!
Kika, Fornicienta y Oiga no podían creer lo que acababan de oír. ¡O´Francisca tenía novio! Y no uno cualquiera si no Totem, ¡Totem Pocohontos!El joven venido de las reservas americanas del que llevaba enamorada desde hacía dos años. La abrazaron y le dieron la enhorabuena. Estaban muy contentas, contentísimas de que su amiga por fin hubiera alcanzado lo que había estado soñando desde el momento en que Totem entró en su clase.
Siguieron caminando hasta que llegaron al final del malecón. Se separaron en el cruce de la carretera. Oiga se fue para la izquierda, como de costumbre, con su pelo revoltoso ondeando en el aire. Fornicienta se fue con ella pues se iban juntas hasta que la madre de Fornicienta pasaba con la camioneta y se la llevaba a casa, a trabajar al huerto un ratito antes de comer. O´Francisca y Bova se quedaban esperando al autobús, que no tardaría en llegar. Bova sabía que ese día se sentaría sola así que se dispuso a coger una buena posición para poder pasar de las primeras cuando el autobús abriera la puerta. Kika siguió recto pues era la única que se iba por ese camino y tenía que irse andando sola.
O´Francisca estaba nerviosa. Era el primer día que ella y su Totem pasaban como novios y lo único que habían hecho habían sido un par de manitas y algún que otro pico entre clase y clase. Una vez les había llamado la atención. O´Francisca sonrió. " Pocohontos, Luminiscencia" había dicho el profesor llamándolos por sus apellidos," déjense de tanta manita y atiendan".
Por fin llegó el momento esperado. Totem llegó a su lado y la beso suavemente en los labios. Por supuesto se sentaron juntos en el autobús y la pobre Bova se tuvo que sentar al lado de Tiano, el cual no le hacía mucha gracia, pues era el único asiento libre que quedaba. Cuando llegaron a su parada se bajaron cogiditos de la mano y cuando llegó el momento de la despedida, Totem y O´Francisca se besaron apasionadamente.
Oiga y Fornicienta siguieron caminando juntas y entonces surgió la pregunta, aquella pregunta tan esperada debido a la situación.
-¿Cuándo piensas decírselo a Vicen Rubi?-preguntó Forni.
-Ay Forni calla-dijo Oiga sonrojándose-.
-No, nada de callarme. Debes seguir el ejemplo de O´Franciasca. Si no te vas a quedar a dos velas Oiga.
-Ya lo se Fornicienta, pero lo mío es un amor plátonico que...
-Que podría hacerse realidad si se lo dijeras-la cortó Fornicienta.
-Tú no lo entiendes.
-Mira, sé que no es el mejor ejemplo, pero si yo no me hubiera lanzado con Tiano no hubiera salido con él.
-Y mira cómo habéis acabado. Ni siquiera os habláis. Yo no quiero acabar así con Vicen Rubi.
-Ya, te dije que era un mal ejemplo. Además no tenéis por qué acabar así.
-Bueno cállate que por ahí viene.
En efecto, Vicen Rubi se acercaba a ellas con ese paso tan distinguido: espalda recta, cabeza bien alta y con su chaqueta vaquera colgada al hombro, sujeta por dos de sus dedos. Miraba al frente y sus ojos, aquellos característicos ojos azules, se cruzaron con los de Oiga, quien bajó la mirada.
-Hola perrriquito-sonrió él (se nota poco que es ruso...)-.¿Quierrres que te acompañe a casa? Me pilla de camino.
Oiga asintió y se fueron los dos juntos. Fornicienta le dijo por señas que después la llamara y allí se quedó mirando cómo se alejaba la parejita feliz.
Por otro lado, nada más llegar a su casa, Kika se lo contó todo a su hermana Columientos, quien no creía ni una palabra de lo que le estaba diciendo su hermana.
-Que O´Francisca tiene, ¿qué?
-Nooooovioooo-dijo su hermana ya desesperada de tanto repetirlo.-Y además no han parado de hacer manitas.¡Si hasta les han llamado la atención!
-Qué fuerte... Y yo que creía que era la típica chiquilla que le daba vergüenza todo, incluso rozar su mano...
Tras unos segundos de silencio, Kika sé cruzó de brazos y se enfurruñó como si de una niña pequeña se tratase. Pobre chiquilla, estaba en aquella semana por la que todas las mujeres tienen que pasar al menos una vez al mes...
Volvemos a ''A tres metros bajo tierra??:
-Qué fuerte... Y yo que creía que era la típica chiquilla que le daba vergüenza todo, incluso rozar su mano...
Tras unos segundos de silencio, Kika sé cruzó de brazos y se enfurruñó como si de una niña pequeña se tratase. Pobre chiquilla, estaba en aquella semana por la que todas las mujeres tienen que pasar al menos una vez al mes...
Fragmento de ''A tres metros sobre el cielo'':
El motivo de ese nerviosismo que, una vez al mes, atrapa tarde o temprano a toda joven y que cuando no llega las pone más nerviosas o las convierte en mamá.
El motivo de ese humor de perro al que le acaban de atropellar la cola que tarde o temprano acaba poseyendo a toda mujer y las pone histéricas. ¡Qué digo histéricas! Son capaces de sacarte un ojo si te descuidas y, de pronto, estar llorando porque la mamá de Bambi se ha muerto. Y, bueno, si la regla... perdón, ''el motivo'', se retrasa o no llega... mejor esconderse debajo de la mesa.
-¡Jo! ¡O´Francisca tiene novio y yo no! Yo también quiero.-dijo Kika dando patadas al suelo y haciendo un puchero.
-Pues ya sabes dónde está Rocco-dijo Columientos.
Kika la miró con odio y se lanzó sobre ella (os lo he dicho, capaces de sacarle un ojo a su propia hermana), comenzando así otra de las millones de peleas entre las hermanas Maíz-Tostado.
-¡Jo! ¡O´Francisca tiene novio y yo no! Yo también quiero.-dijo Kika dando patadas al suelo y haciendo un puchero.
-Pues ya sabes dónde está Rocco-dijo Columientos.
Kika la miró con odio y se lanzó sobre ella (os lo he dicho, capaces de sacarle un ojo a su propia hermana), comenzando así otra de las millones de peleas entre las hermanas Maíz-Tostado.
Mientras tanto, la madre de Fornicienta había recogido a su hija. Estaba aparcando el coche en el oscuro garaje cuando una sombra cruzó veloz frente a ellas y se puso en medio, imposibilitando la maniobra. La madre de Forni pegó tal pitorrada que creyeron que se quedarían sordas. Una risita aguda llegó desde el lugar donde se encontraba la sombra. La madre de Fornicienta encendió las luces que hasta ese momento no habían hecho falta, pues la luz que entraba de fuera era suficiente. Los faron del coche alumbraron la cara de una morena muchacha de pelo castaño rizado lleno de bucles que se tapaba la boca con la mano.
-¡Hola!-chilló entonces la muchacha.
-¡Facundación!-gritó la madre de Forni enfurecida.-¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso? ¡Te podríamos haber atropellado!
-¡Hola!-chilló entonces la muchacha.
-¡Facundación!-gritó la madre de Forni enfurecida.-¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso? ¡Te podríamos haber atropellado!
-Pero señora, esta es solo la diez vez que lo hago.
-Se dice décima-dijo Fornicienta.
-Pues eso. Venía a decirle a Forni si quería venir a mi huerto a ayudarme a recoger tomates.
Forni miró a su madre. Facundación Haspenn era su vecina y digamos que no le caía muy
bien. Su madre asintió le hizo un movimiento de cabeza para indicarle a su hija que bajara de la camioneta destartalada y llena de barro. Fornicienta entrecerró los ojos y apretó los puños con rabia. Facun , como le gustaba que la llamaran, sonrió de oreja a oreja cuando la vio bajar del coche y corrió a su encuentro. Fornicienta no pudo evitar darle un ligero repasón. Facun no había cambiado nada, seguía igual: metiendo barriga una cosa exagerada, con esos grandes pechos de los que tenía algo de envidia y con ese moreno que la ponía negra. Cada vez que la veía se preguntaba por qué ella tenía la piel blanca y paliducha mientras que su vecina tenía un moreno de envidia. Siempre llegaba a la misma conclusión "será porque ella se pasa horas y horas al sol, en el huerto, mientras que yo sólo estoy dos o tres". Luego se regocijaba pensando " por lo menos yo voy al colegio, no como ella".
Y con este nuevo pensamiento dejó que Facun la agarrara del brazo y se la llevara al huerto, a recoger esos estúpidos tomates.
Tras una árdua pelea, las hermanas Maíz-Tostado se dejaron caer en sendas camas respirando con dificultad, recobrando el aliento. Después de unos minutos Kika se levantó, cogió su chaquetón y se dispuso a salir.
-¿A dónde vas?-preguntó Columientos, incorporándose.
-¿A dónde vas?-preguntó Columientos, incorporándose.
-A la calle.
-Pero si hoy es martes.
-Lo sé-Kika cogió las llaves y el móvil.
-¿Entonces?
Kika abrió la puerta y se volvió hacia su hermana.
-Dios y todavía sigue con eso.
-Pero si hoy es martes.
-Lo sé-Kika cogió las llaves y el móvil.
-¿Entonces?
Kika abrió la puerta y se volvió hacia su hermana.
-A ver Columientos, papá y mamá han salido y no volverás hasta las siete o así. Tengo unas cinco horas para encontrar a algún chico guapo al que pillar.
-Dios y todavía sigue con eso.
-Sí y cállate. Si papá y mamá vuelven antes, diles que he ido a por los pequeños, ¿vale? Ah, por cierto, hoy te toca llevar a los dos canijos al colegio.
Y antes de que Columientos pudiera protestar, Kika cerró la puerta y bajó corriendo las escaleras. Ya sabía que iba a volver con las manos vacías y que entonces su depresión sería mayor, pero no le importaba. Salió a la calle y fue directa al centro. Si hubiera estado más atenta se habría dado cuenta de que la observaban. Un niño, encondido detrás de un coche la miraba fijamente mientras Kika cruzaba a todo correr la carretera. La bufanda que llevaba puesta el niño, en el lugar donde debería estar su boca, ondeaba al viento de una manera espeluznante...
Y antes de que Columientos pudiera protestar, Kika cerró la puerta y bajó corriendo las escaleras. Ya sabía que iba a volver con las manos vacías y que entonces su depresión sería mayor, pero no le importaba. Salió a la calle y fue directa al centro. Si hubiera estado más atenta se habría dado cuenta de que la observaban. Un niño, encondido detrás de un coche la miraba fijamente mientras Kika cruzaba a todo correr la carretera. La bufanda que llevaba puesta el niño, en el lugar donde debería estar su boca, ondeaba al viento de una manera espeluznante...
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