sábado, 29 de mayo de 2010

capítulo 9: el encanto de Stefff

Stefff se despertó y se notó húmeda la mejilla. Abrió los ojos de golpe y se encontró con el primer plano de la cara de un cerdo.

-¡Arg! ¡Maldito bicho! ¡Deja de chupafffme!

Stefff miró a su alrededor: estaba en un huertucho lleno de cultivos y hasta arriba de barro. A su lado, la Facun roncaba como una locomotora de tren. Stefff empezaba a recordar lo que había pasado la noche anterior con Facun... Stefff hinchó el pecho. La verdad es que estaba hecho un machote, dos chicas diferentes en apenas dos noches. Pero mirando mejor el rostro de Facun decidió que no le contaría a sus amigotes su noche juntos por si se reían de él.

Estaba recogiendo su ropa y saliendo a hurtadillas del huerto de Facundación Haspenné cuando oyó pasos al otro lado de la valla. Stefff se encaramó a la valla y observó. En medio de aquel terraplén que separaba el huerto de Facun del de Forni había una cabina de teléfono, el único método de comunicación de los huertos con la ciudad, ya que tanto la familia Haspenné como la familia Furciana pensaban que los móviles eran instrumentos diabólicos y en cuanto veían uno lo destrozaban pegándole con palos.

Fornicienta se acercaba hacía la cabina brincando. "Mierda", pensó Stefff, "si me ve con la Facun se acabó lo que se daba". Aprovechando que Forni estaba de espaldas llamando por teléfono en la cabina, Stefff preparó su huída: treparía silenciosamente por la valla y se escaparía a hurtadillas. Pero cuando estaba saltando la valla su torpeza le traicionó y se le enredó el pie. Stefff calló de bruces contra el suelo plagado de barro, mordiendo el polvo literalmente. Y allí empotrado en el barro estaba Stefff cuando Fornicienta se giró y le vió.

-¡Stefff! ¡No me digas que has venido a buscarme! -a Forni se le iluminó la cara.

-Eh...Claro. ¿Qué haría yo por aquí sino?

Y los dos se alejaron de la mano sin que Fornicienta notase nada sospechoso.


***

Un fuerte rayo de sol despertó a O´Francisca. ¿Es que se había olvidado de cerrar la persiana de su habitación? Ah, no, que se había quedado a dormir en casa de Totem y allí no había ni persianas, ni cortinas, ni ventanas...bueno, sí, ventanas sí. O'Francisca gruñó. Estaba de muy mal humor porque Totem no la había dejado dormir por razones obvias. Y además tenía que desalojar la vejiga. Se estaba levantando para ir al baño cuando se dió cuenta de que en la cabaña no había baño. "Que bien, otra vez a regar las plantas" pensó O'Francisca.



Y tras andar en círculos durante 5 minutos, la chica encontró el lugar perfecto para hacer sus necesidades: justo debajo de un gran árbol de aspecto señorial. O´Francisca estaba en pleno proceso cuando vió una pandilla de animales que la observaban atentamente desde la rama de un árbol.



-¡Id a mirar a vuestra madre, imbéciles! -gritó mientras se las apañaba a duras penas para coger una piedra y tirarsela a los animales. Lo malo fue que en la complicada maniobra la chica perdió el equilibrio y cayó de culo al suelo, manchándose de barro las posaderas.



-¡Arg! ¡Mierda de poblado indio perdido! ¡Me he puesto de tierra hasta arriba! ¿Puede haber algo peor? -bramaba mientras se alejaba.



En ese momento vió como un joven del poblado llegaba al lugar y gritaba:



-¡Oh, por todas las águilas del cielo! ¡Alguien ha hecho pis en el árbol sagrado!


O'Francisca huyó roja y despavorida al oír esto deseando que el indio no la hubiese visto.



***



Oiga paseaba tranquilamente por la calle de camino a su cita con Vicenrubi cuando algo turbó su mirada. Era la Facun, con sus mejores galas, es decir un traje de huertana que le quedaba corto y un moño escachuflado en el pelo, que movía la cabeza como una gallina con tortícolis buscando a alguien con la mirada. A Facun se le iluminó la mirada: acababa de ver a un chico guapísimo que estaba atando su bicicleta a un poste. Oiga miró má detenidamente al chico...su cara le resultaba familiar...¡leches, si es Stefff! ¡Y la Facun se dirige a él como un tractor descontrolado!

"¡La madre que la parió!" pensó Oiga. Facundación iba derecha hacia Stefff, había pensado tanto en él y en su noche loca, tenía tantas ganas de restregarselo a las otras cuatro locas...de repente Facun noto como la agarraban del brazo con una fuerza inhumana y la arrastraban lejos de su amado.


-¡Facun! ¡Hola! ¿Cómo tú por aquí? -preguntó Oiga, con los dedos todavía clavados como púas en el brazo de Facundación, con la cara más amable que supo fingir.

-Ah, Oiga. Poh nah, iba a ver a mi novio.

-¡¿A tu qué?! -gritó Oiga a punto de agujerear el brazo de Facun

-Sí, sí, ese mozo de Stefff ya se ha hartao de pavas sin fuste como vosotras y se ha venío con una mujer de verdá como una serviora.

Oiga soltó lentamente el brazo de Facun mientras bajaba la cabeza y los ojos se le inyectaban en sangre. Facundación se alejaba con aire victorioso hacia su príncipe azul compartido cuando Oiga levantó la cabeza al cielo y gritó con todas sus fuerzas: "¡Socorro, policía, esta chica es de la banda de la Caridadeh!" Todos los transeuntes miraban a Facun, gritaban o huían. Dos policías cogieron a Facun por los brazos mientras murmuraban "Sí, y además creo que esta chica es la ladrona de tomates que ha estado asaltando las fruterías del barrio"

Stefff, que no estaba prestando atención al espectáculo que se había montado a escasos metros, terminó de atar la bici y levantó la cabeza. Su mirada se topó con la de Oiga, a la que le echó una de sus seductoras sonrisas mientras ella se sonrojaba y se alejaba.

***


Columnientos aporreó la puerta del cuarto de su hermana:

-Kika, ha venido a verte el tío ese al que te beneficias. -dijo desesperada Colum- Abre ya la puerta... Llevas tres días enteros ahí encerrada. -se giró hacia Rocco- Nada, que no responde.

-Estoy muy preocupado, mi caneloncito lleva sin salir de ahí tres días. No sé que hacer...¿Tú crees que no le doy lo que necesita?

-Eh...Seguro que no. -hace una pausa- Pero como siga así vais a tener que hablar por teléfono. Y vas a gastar mucho dinero. Por eso yo te reconiendo la tarifa plana de Orange, que además de pagar solo 60 centímos por minuto...

-Vale, vale, me pasaré por una tienda Orange de camino a casa. -dijo Rocco apesadumbrado mientras cogía su chaqueta y se iba.

"No me lo puedo creer" pensó Columnientos "¡Es la primera vez que vendo algo y sin timar a nadie!" Se le escaparon unas lágrimas por la emoción. "Rocco ha sido tan bueno conmigo, es un chico genial, es una lástima que esté perdiendo el tiempo con una chica como mi hermana..."

Pero el rechinar de la puerta del cuarto de Kika rompió el hilo de sus pensamientos.

-¿Kika?

-Columnientos...-dijo Kika con la cara demacrada, como si hubiese pasado días sin dormir y oliendo a choto.- Que suerte ver a alguien con boca por aquí.

-¿Ein?

-Ahora estoy segura. Sé que me persigue.

-¿Qué? ¿Quién?

-He hecho un retrato robot de él para que lo veas. -y le da un papelito.

-Kika esto es un monigote normal y corriente.

-¡No es verdad! ¡Tiene ojos, nariz...! ¡Pero no tiene boca! ¿Entiendes? ¡Es el niño sin boca! -dijo mientras agitaba a su hermana- ¡Pero que no se crea que va a poder conmigo! ¡Voy a ir a buscarle y le dejará las cosas bien claritas! ¡Y para ello tengo que pensar como él y oler su rastro!

Y con estas palabras, Kika salió de su casa tapandose la boca con la mano mientras olfateaba a el suelo.

-¡Kika, Kika! -salió corriendo detrás de su hermana Columnientos- ¿Te has vuelto loca?

Y desgraciadamente, nada más lejos de la realidad, ya que unos ojos, una nariz pero no una boca vigilaban a las chicas.


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