sábado, 22 de mayo de 2010

Capítulo7:¡Sorpresa!

De nuevo ese ruido;ese extraño ruido que la hacía extremecerse de miedo de pies a cabeza. Todo era oscuridad a su alrededor, una oscuridad envolvente que despertaba más terror en ella. Encima, estaba sola en casa. Desearía estar con sus padres o en casa de la abuela Repugnancia.



Kika se abrazó a su patita de peluche con fuerza y se tapó con las sábanas hasta la nariz. No podía evitar mirar hacia la puerta que comunicaba su pequeña habitación con la cocina. En su cocina había una puerta de cristal que comunicaba con el balcón de lavadora y por la cual entraban los rayos lunares.



En ese momento Kika maldijo interiormente a sus padres por no haber cambiado las cerraduras de las puertas de su cuarto. Meses antes Columientos y Kika habían comprobado que si cerrabas la puerta de la habitación, no se podría abrir desde dentro. Su madre tuvo que sacarlas de su zulo,pero no había llegado a cambiar los pomos siquiera. Así que, nopodía cerrar la puerta para sentirse más segura de ese ruido extraño.



Kika pegó un bote en la cama: el ruido se había vuelto a escuchar y, ahora, más cerca. Parecía que alguien estaba reptando por los balcones. La chica cerró los ojos y empezó a rezar por que no llegase a su balcón. Fue inútil.



Otro ruido. Este lo distinguió a la perfección. Era el ruido de un cuerpo humano saltando a su balcón. Al salto le siguió un ruido parecido a un tropiezo, y después un gemido. La muchacha estaba aterrorizada y, al asomarse por entre las sábanas, observó una sombra en el balcón. Kika se obligó a contenerse y no gritar y a relajarse. ''Si no memuevo y me calle no me oirá. Que coja lo que quiera, pero que a mí no me vea...''.



Aguzó el oido lo que pudo y oyó pasos en el pasillo. Eran pasos familiares, muy familiares, pero no eran de ninún miembro de su familia ni de ninguna de sus amigas.





***


-¿Hola?¿Hay alguien?


Stefff se quedo en la puerta de su casa oteando el horizonte. Que extraño, no había nadie. A lo mejor el timbre se había estropeado.


Mientras tanto, Fornicienta observaba desde detrás de su destartalada chatarra a la que tenía el valor de llamar ''furgoneta''. Nada más llamar se había lanzado decabeza (literalmente) sobre el montículo de barro que se encontraba tras la furgoneta. No se había atrevido a mirarle a los ojos, esos ojos verdes sicilianos...


De pronto, otra vez se oyó su voz. Hablaba por teléfono.


-Ya, pero esque no debiste dejar que tus seis caballos hicieran sus necesidades en la puerta de mi casa. He conseguido apartar el estiércol unos metros, pero necesito que alguien venga a recogerlo porque...


Y la puerta se cerró, llevándose ese par de esmeraldas vivas y esa vozangelical.

''¡Diosmío, que mal huele aquí!'' observó Fornicienta.'' Esque, ni mi huerto huele así. ¿Por qué este barro huele a... oh, oh...''


Efectiviwonder, oh, oh. Fornicienta calló entonces en la cuenta de que ese''barro'' al que se había lanzado de cabeza era en realidad aquel estiércol del que su Stefff hablaba. Se levantó rápidamente para observarse. El pelo, el cual se había recogido en su moño,típico huertano, ahora estaba lleno de estiércol. Y el refajo... madre de Dios, el refajo. Había perdido su característico color blanco por completo.


-¡COONES! ¡Las esparteñas de la mamaica! Cuando llegue a casa me va a pegar una ''galletá''... A menos que...- A Forni le salió la vena huertana en ese momento.

Entonces, la retorcida mente de Forni se puso en funcionamiento. La bombilla se había encendido.

***
El domingo había sido muy duro. Oiga estaba reventada. Encima de todo, O'Francisca le había llamado hacía unas horas contándole la velada con Totem, tan mágica y romántica... Ese acontecimiento que ella, con sus 16 años de edad, aún na había experimentado: observar los conejos colgados de la tienda de tu novio indio desde la cama de oso americano.

O'Francisca le había confesado que al principio imaginó que iban a utilizar de otra forma la cama de piel, pero en el fondo le gustó que Totem le contase la historia de sus conejos y tejones. Mientras iba recordando esto, Oiga fue cayendo en un sueño profundo. De pronto ya no estaba en su habitación, ni siquiera en su casa. No llevaba su ropa puesta, si no un bikini verde que hacía resaltar sus ojos. Hacía mucho, mucho calor. Entonces, una voz, una voz que ella reconoció enseguida. Esa voz le llamaba desde la piscina cristalina que apareció de pronto.

Oiga sonrió. Una sonrisa radiante, una sonrisa verdadera, de esas que rien de verdad mientras tus ojos saltan de alegría. Allí, en la piscina, la saludaba Vicenrubi. Reconoció el entorno que la rodeaba: era la casa de su ruso.

Sin pensarlo dos veces, Oiga corrió a la piscina y se lanzó de bomba. Vicenrubi nadó con habilidad hacia ella y le tendió las manos. Ella las aceptó encantada, sin perder la sonrisa.

- Mi perrriquito... - suspiró él acariciándole los labios.
- Mi rrrusito...

Entonces él, sujetándola de las caderas, la levantó sobre su cabeza mientras ella posaba las palmas de las manos en sus corpulentos hombros. Rieron y gritaron, felices de estar juntos. Se capuzaron y bucearon juntos, compartiendo besos de perrriquitos en el fondo de la piscina.
Cuando les faltó el aire, subieron veloces a la superficie, y justo cuando emergieron, una imagen terrible surgió ante ellos: Froinlain Radmila, la madre de Vicenrubi.

-¡Sorrrprrresa!

Radmila agarró a Oiga de un brazo, tirando de ella con su fuerza sobre humana, sacándola de la piscina y apartándola de su hijo.

Oiga gritó mientras todo a su alrededor desaparecía y se convertía en un desván. Froinlain Radmila abrió del desván una gigantesca jaula para pájaros y encerró en ella a la chica, como si de verdad fuera un periquito. Ella se agarró a los barrotes pero segundos después resbaló. ¡Sus manos se habían convertido en alas! Se tocó la cara: ¡Pico, tenía pico! Temerosa, se acercó al agua que había dentro de la jaula. Sus temores se cumplieron en realidad: era un periquito.
Entre los barrotes había una galleta gigante que le produjo una inmensa atracción y, sin poder evitarlo se puso a picotearlo mientras su malvada suegra se reía de ella.

Y ahí despertó. No podía ser cierto, había sido la peor pesadilla que había tenido. mañana se lo contaría a sus amigas. Y con este pensamiento se quedó acurrucada en su cama hasta que al final se durmió de nuevo.

***

Los pasos se acercaban peligrosamente al cuarto de Kika. Ella no respiraba, no movía ni un sólo músculo. De repente, la luz de la entrada se encendió y Kika pudo ver la sombra de una persona proyectada en la pared. Poco a poco los pasos se fueron a cercando más y la sombra iba aumentando más y más hasta que una figura se presentó frente a la puerta, frente a los ojos de la aterrada muchacha. Al ser de noche y al estar de espaldas a la luz no pudo ver la cara del individuo, pero no tenía duda alguna de quién era.

-¡Sorpresa!

-¡¡¡Rocco!!!- Chilló la chica lanzando los peluches a la cabeza del chico.

Rocco se rió mientras esquivaba los peluches; le hacía gracia cómo gritaba.

-¡Hola, Kika, amor mío!

Al ver que ella se había quedado sin peluches que tirarle a la cabeza, Rocco cerró la puerta. Fué entonces cuando Kika se levantó corriendo hacia la puerta cerrada, empujando a Rocco. Intentó abrir la puerta, pero era imposible, estaban encerrados.

Rocco se quedó observando cómo intentaba abrir la puerta. Contempló embelesado como la cascada de rizos castaños de Kika caía por su espalda, desnuda completamente a excepción de la fina tira del sujetador de encaje blanco. Tan embelesado estaba que no vió el poderoso gancho de Kika. Le alcanzó en plena barbilla y le hizo retroceder. Estaba roja de furia.

-¡¡'Gilipollas, eres gilipollas!!! ¿¿Qué coño haces en mi casa?? ¿Sabes lo que acabas de hacer?? ¡¡¡NOS HAS ENCERRADO!!!

Tras decir esto se puso lívida y casi se cae al suelo. Encerrada, estaba encerrada con Rocco en la misma habitación. Y para colmo llevaba puesta solo la ropa interior. Kika se cubrió el pecho con los brazos, poniéndolos en cruz, pero ya sabía lo que iba a pasar. Se notaban las intenciones de Rocco en su mirada furtiva. Se acercó a ella y la cogió de las muñecas. Kika gritó, se resistió, intento zafarse de él, incluso retrocedió, pero todo era en vano: Rocco era más fuerte. Forcejearon un rato pero Kika retrocedió demasiado y tropezó contra la cama, cayendo de espaldas sobre la cama y con Rocco encima. El brillo de los ojos de Rocco aumentó y la besó, aprovechando el momento. Kika se revolvió debajo de él y le golpeó en la mejilla varias veces, pero seguía siendo más fuerte que ella.

Rocco estaba especialmente feliz irradiaba su felicidad por todas las partes de su cuerpo, en especial por una parte, haciendo que Kika se asustase aún más. Ese era el día en que Kika por fin sería suya. Lo supo al ver a sus padres salir de casa y, horas después, ver salir a Columientos, dejándola sola es casa. Entonces decidió escalar el balcón hasta llegar a Kika. Dejó de besarla y la miró a los ojos, esos ojos marrones y tan llenos de vida que lo volvían loco. la chica le gritó todos los insultos que había aprendido de su tía, incluso le escupió, pero a él le dió igual.

-¿Sabes? Me sé una canción muy buena que describe a la perfección lo que planeo para esta velada, ¿quieres oirla?

-¡¡¡Me da igual tu canción!!! ¡¡¡Lo que quiero es que me dejes en paz!!!- las lágrimas acudieron a los ojos de Kika, pero las contuvo.

-Por favoooor, si no te callas no te la podré cantar. Dice así: ''Chúpame la minga, Dominga, que lleva sustancia. Que lleva sustancia, que lleva sustancia. Chúpame la minga, Dominga, que vengo de Francia.

-¡¡¡Cerdo!!! ¡¡¡Suéltame!!!

Pero él seguía impasible hasta que terminó la canción.

-Ya verás qué bien lo vamos a pasar.

Empezó a besarle el cuello, mientras Kika se resistía. Rocco le cogió las muñecas con una sola mano y empezó a quitarse los pantalones. Después se quitó la camiseta y le soltó las manos a Kika, quien enseguida empezó a pegarle. Con manos hábiles, Rocco fue recorriendo la espalda de Kika, disfrutando de la textura de esa piel tan deseada, y le quitó la única prenda que le tapaba la mitad superior del cuerpo. Rocco rozó sus pechos con los pulgares. Kika ya no lo aguantó más y acabó dejando que las lágrimas saltasen de sus ojos como si fueran grifos accionados. Cuando se quiso dar cuenta estaba completamente desnuda debajo de Rocco y este se estaba despojando de sus calzoncillos.

-Por favor- rogó Kika casi sin voz-, por favor, Rocco, no lo hagas.

Rocco le acarició el pelo, alborotado de todo el forcejeo.

-Kika, cariño, relájate. No pasa nada. Por favor, no te resistas . Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida.-Kika cayó de pronto, viendo inevitable la tragedia. Se obligó a mirarlo a los ojos, intentando que al menos tuviera compasión de unos ojos llorosos. Rocco acercó los labios a su oido-. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.-Se corrigió.

Él la besó en la frente y fue bajando por la mejilla, salada de tantas lágrimas, hasta llegar a los labios, donde también habían caído las lágrimas. Fue un beso dulce, sincero, transmitía tanto, que confundió a Kika y se dejó llevar por ese beso, hasta que sintió que Rocco se hacía paso por entre sus piernas para entrar en ella.

-No...- susurró Kika.

Rocco la hizo callar rozándole los labios con los suyos, recorriendo después su cuello con suavidad.

-Te quiero.-Repitió.

Y la besó.La besó con más pasión con más... amor. Era eso, eso era lo que Rocco le transmitía con ese beso. Un amor potente, extraño, pero era amor. Kika correspondió al beso, enredando los dedos en su pelo, abriendo las piernas poco a poco. Fue la señal que Rocco necesitaba. Segundos después ya estaba dentro de ella, en su vientre. Kika derramó más lágrimas y gimió, dolía.

-¿Estás bien?

Ella asintió, apoyando la cabeza en el pecho de él, sintiendo los latidos de su corazón. Rocco sonrió.

-Te quiero-. Repitió él.

Y la besó, ya la acarició, y la recorrió entera con sus manos haciéndola estremecer. Por su parte ella hizo lo mismo, cumpliendo con la canción que él había recitado. Y allí, en aquella noche de luna llena, ese odio que Kika siempre había experimentado por el muchacho se convirtió en algo más fuerte. Se dio cuenta, cuando se despertó y se encontró abrazada a él, con la cabeza apoyada en su pecho, de que ese odio se había convertido en amor.


***
Pero antes de que la noche hubiera llegado del todo a la ciudad, Fornicienta había decidido llevar a cabo su maquiavélico plan.

Se acercó de nuevo a la puerta de Stefff y llamó al timbre. Pronto se abrió la puerta, destapando esos preciosos ojos verdes.

-¡Sorpresa!-Gritó Fornicienta

-¡¡Tú!! ¡¡Erez una de lazz cuatro psicófffatas que cazi me matan!

-¡Te acuerdas de mí!

Stefff se tapó la nariz cuando el dulzón olor del estiércol le llegó. Fornicienta sonrió avergonzada por sus pintas. Le daba pena haber manchado sus mejores galas, pero todo fuera por el plan.

-Oye, me vaz a llenar la entrada de ezzztiércol. ¿Qué te ha pffazzado?

-Pues resulta que iba con mi furgoneta, se me ha pinchado la rueda y al bajar he caido en un montón de estiércol de aquí ''al lao''.- Stefff se maldijo a sí mismo por no haber retirado el estiérdol-. Y me preguntaba si tu madre me dejaría usar tu ducha y tu lavadora.

-La verdad ez que miz pffadrez ze han ido doz zemanaz, pero zí, paza.

Forni no esperó más. Ya en la entrada empezó a quitarse el traje hasta quedarse en braguitas y sujetador. Le dió la ropa al chico y este le indicó dónde estaba el baño.

-Pero ten cuidado que la ducha rddezbala y una vez me dí en la cabeza. No zzea que te pazze algo...

- Si, claaaro... ¡y yo salto por los cerros de Úbeda!- a Forni le gustaba mucho esa expresión de su abuelo.




Después de haberse duchado, Fornicienta bajó con la toalla asida al cuerpo hacia la cocina, donde estaba su italiano haciendo la cena. Ella se sentó en la encimera cruzando las piernas. La casa era enorme, un chalé precioso.

-¿Te quedazz a cenar?

-Claro. Por cierto, no recuerdo tu nombre.... ¿ te llamabas??

-Stefff

-Ah sí, Stefff.

-No, no, Stefff.

- Bueno, yo soy Fornicienta, pero me puedes llamar Forni.

Pasaron una velada agradable hablando del huerto de Fornicienta. Prefirió hablar ella solo para no tener que estrujarse los sesos para entender lo que decía Stefff. LLegaron las 23.00 y Forni seguía sólo en toalla.

-Bueno, Foddni, si quiereszz te puedo llevardd a caza en bicicleta.

-No creo, está muy lejos, a 20Km.

-Yo aguanto los 30.

-Perdón, esque suspendí matemáticas, está a 40 km.

Stefff continuó vacilando de su resistencia en bici mientras Fornicienta llegó a los 75okm. Fue entonces cuando se dió cuenta de que Stefff no era muy rápido para pillar las indirectas, así que se levantó y le besó en los labio, sujetando su cara entre las manos.
La secadora paró en ese momento y Fornicienta se acercó coqueta, sin perder su sonrisa. Stefff se sentó en la silla, confundido. La verdad era que esa loca psicópata que casi lo mató besaba bastante bien.
-Bueno- comentó Forni llegando a la puerta-, voy a vestirme y nos vamos.
-Ezpera.
Stefff la cogió de la mano y la atrajo hacia sí, quería volver a probar sus labios. Fornicienta enredó los dedos en su pelo, firme y ligeramente rizado. Por su parte, Stefff comenzó a tirar la toalla al suelo lentamente.

-¿Qué haces?- preguntó la chica, aún embelesada por el beso de Stefff
-Shhh, déjate llevard.

Stefff se quitó los pantalones y los calzoncillos con facilidad. ¿Quién le iba a decir que al final iba a gustarle aquella chica tan rara que casi lo mata el otro día? Era bastante guapa, y muy simpática.
Llegaron con facilidad hasta el sofá del salón. Él se qutó la camiseta, ella lo esperó tumbada bocaarriba.

Se miraron a los ojos un momento. Fue entonces cuando Fornicienta lo comprendió: Stefff era el hombre de su vida. El hombre con quien quería estar para siempre.

Stefff le acarició la pálida mejilla con la punta de los dedos.''Te deseo, aquí y ahora'', pensó. Y la volvió a besar, recorriendo con cada parte de su cuerpo hasta el más milimitrado rincón del de Fornicienta.

Un ruido sonó en la ventana del salón, pero ninguno se dio cuenta. Nadie hacía caso del niño de la ventana, el mismo niño de siempre, sí, pero esta vez no había bufanda, ni tampoco.... boca.

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