martes, 23 de noviembre de 2010

Capítulo 11: Cosas estúpidas que preocupan a niñas estúpidas.

Totem y Rocco se alejaron caminando. Los rayos del crepúsculo incidían sobre ellos haciendo que sus sombras se prolongaran. Los numerosos tatuajes del indio se oscurecían mientras hablaba con su amigo.


-Tú no ser hombre. Tú ser todavía niño. No como Totem. Totem ser ya mucho mayor que tú.-dijo Totem golpeándose el pecho repetidas veces.


-¿Pero de qué estás hablando?-dijo Rocco indignado.-Yo soy un hombre.


Totem le miró a los ojos con superioridad haciendo que Rocco bajara la mirada. El cielo se puso de color rojo. Totem miró al horizonte, por donde se estaba escondiendo el soy y de pronto lanzó un grito.


-¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhh!!!!!!!-gritó Rocco asustado por el grito de su amigo.


Entonces Totem empezó a saltar y a valancear su cuerpo hacia delante y hacia atrás, con la mano en la boca y haciendo el tipiquísimo grito indio. Empezó a bailar así al rededor de Rocco hasta que los últimos rayos del atardecer desaparecieron y se empezaron a ver las estrellas. Entonces Totem paró de pronto y de nuevo volvió a mirar a Rocco a la cara.


-Tu no ser hombre porque tú no saber bailar como Totem.

-Tio tú eres un indio, yo soy una persona normal. Solo quiero que mi caneloncito vuelva a quererme.

-Esto que Totem acabar de hacer ser ritual de apareamiento de las águilas. Yo ser águila macho y tú ser águila hembra.

-¿¿¿¿¡¡¡¡Q-Q-Queeeeee!!!???-gritó Rocco. Su amigo acababa de hacer ¿qué?. No iría a....NO!!!

-Mira, Totem-dijo Rocco retrocediendo-.Yo no soy esa clase de tio. A-Además no creo que a O'fran le guste eso...


Totem le miró sin comprender. ¿Acaso no había entendido Rocco su metáfora? De verdad, las costumbres de las pieles pálidas desconcertaban demasiado al pobre indio.

-Yo sólo tratar de enseñarte qué hacer con hembra. Pero Totem ver que Rocco no comprender mi cultura.- Siguieron caminando en silencio hasta que Totem se paró en seco.

-¿Qué ocurre ahora, Totem?

-Ya que tú no querer hacerlo a mi manera, lo haremos como lo hacen los pieles pálidas. Llévame a la taberna.

-Mejor dí ''Bar''. Pero, ¿qué vamos a hacer en un....?- su frase quedó ahogada con un tirón de brazos que le propinó el indio.

La noche acababa de caer en la ciudad, del rojo crepuscular no quedaba rastro. Y, como todo indio sabe, la noche es larga y hay que aprovecharla....

***

Por otro lado, compartiendo el mismo cielo nocturno, se encontraban Tiano y Vicen, encaminándose a la casa del ruso. La calle, desierta como siempre, a excepción de ciertos miembros de la banda de la Caridadeh, era el lugar ideal para compartir los más profundos secretos con un amigo; pero también para compartir oscuros pensamientos.

-¿Y bien?- saltó Vicen Rubi después de un largo silencio.

-¿Y bien qué?- Respondió Tiano, distraido como siempre tratando de concentrarse en su equei.

-Y bien, ¿cuál es ese plan infalible?

-No entiendo qué quieres decir... ¡Ah, el plan ! El plan infalible para estar con Oiga, el plan de salir con Oiga; el plan de Oiga.- silencio-. ¿Ese plan?

-¡SÍ! ¡Ese PLAN!- El ruso trató de tranquilizarse y luego continuó hablando.- Mira, yo lo único que quierrro... es no seguir sintiendo que las pierrnas me fallan cada vez que la veo; poder abrazarla sin venirr a cuento; quierrro coger su mano, más blanca que la nieve que cubrre Moscú en invierno, y prrometerrle que nunca la soltaré; quierrro...

-Bueno, bueno, basta ya de tantas ñoñadas y cursiladas.-Tiano se colgó del cuello de su amigo por un brazo y lo atrajo hacia él, para asegurarse de que le oía bien.- Mira, rusito, a las tías no puedes ir de cursi y príncipe azul que va a estar ahí siempre, no. Las tías son muy complicadas, pero te aseguro una cosa: les encantan los juegos. Bien, rusito, deja que te enseñe como juega Tiano el Verde...

***

Cielo azul, sin una sola nube estropeando el color de una mañana fría de verano; pero Fornicienta ya llevaba un rato levantada. Todas las mañanas acostumbraba a levantarse muy temprano, cuando todos los animales huertanos duermen en sus madrigueras, para recoger los pepinos del huerto. Era asombroso lo que la charca del huerto podía hacer por la cosecha. Bastaba con regarla una vez al día con agua de la charca para que, aunque fuera invierno, al día siguiente hubieran centenares de nuevos pepinos gigantes, verdes y jugosos.

Lo malo, pensaba Fronicienta, era que tal cantidad de pepinos no era posible venderse del todo, así que desde pequeña ha estado alimentándose a base de lo que ella llama ''la dieta del pepino''.

Terminó de recoger el último y volvió a su casa. Por el camino, no pudo evitar pararse enfrente de la valla que separaba su huerto con el de la difunta Facun. Sintió cómo todo su cuerpo se estremecía al acordarse de los sucesos ocurridos el día anterior, y no pudo hacer otra cosa que preguntarse si de verdad hicieron lo correcto.

-F-fué por Stefff. No puedo arrepentirme de eso. Además- se dijo mientras volvía a encaminarse a su casa-, he salvado a la humanidad de los tomates de Facun, debería estar orgullosa.

Así entró a su casa con la última caja de pepinos del día. Se lavó la cara y se vistió para ir a la escuela, pero mientras desayunaba su zumo de pepino recién exprimido le asaltó una última preocupación: si Stefff ahora querría estar con ella.


***

El día pasó rápido, monótono, como cualquier día en el instituto. O'Francisca no había hablado con sus amigas en todo el día, y eso lo había hecho más pesado. La verdad, es que las cuatro, al parecer, habían decidido aislarse unas de otras por culpa de el shock que había supuesto la muerte de Facun.
Por suerte, a la salida, O'Francisca se reunió con Totem, quien la esperaba en el aparcamiento de estudiantes.

-¿Se puede saber dónde te has metido durante todo el día? ¡No puedo permitir que mi novio vaya haciendo el indio por ahí, saltándose las clases!

-Pero resulta que tu novio ser indio... además tenía que ayudar a un amigo y...

-¡Me dan igual tus escusas, Totem!- La impotencia y el miedo de O'Francisca salieron a la luz con aquel grito, y conllevaron a las lágrimas reprimidas el día anterior.-Lo siento, a-ayer me pasó una cosa horrible y...creo que no lo he superado.

Totem la abrazó para tranquilizarla y le besó la frente.

-Eh, ¿por qué no venir conmigo? Totem tener sorpresa para O'Francisca.-dijo lo más suave que pudo, separándola lentamente de él. Le limpió las lágrimas con los pulgares y consiguió hacerla sonreir.

-¿Qué sorpresa?- preguntó con su voz de niña pequeña.

-Ven a verla...

La tomó de la mano y la llevó corriendo hacia el final del aparcamiento, en el sitio reservado para las bicicletas. O'Francisca se llevó las manos a la boca por la impresión.

-¿C-cómo se llama?

-Esperaba que tu ponerle nombre... Totem criarlo desde que ser un potrillo indefenso, y ahora querer regalarlo a O'Francisca.

Ella le apretó la mano y le sonrió, se le había ocurrido el nombre perfecto.

-Quiero que le llames Ohana.

-¿Ohana? ¿Qué ser eso?- Preguntó el indio divetido.

-Significa ''familia''. Y familia significa ''siempre juntos''.

***
-Mira, ahora mismo no puedo salir a la calle.

-Pero, perrriquito, ¡es muy importante que nos veamos!- contestó la voz al otro lado del teléfono.

Oiga estaba confusa. Necesitaba descansar ese día, tenía tantas cosas en la cabeza que no podía ni con su alma. Y ahora, Vicen Rubi la llamaba para quedar. ¿Y de qué le serviría salir ahora con él? Nunca conseguía que pasara nada.

-Los rusos son unos estirados....

-Oye, estoy aún aquí...

-¡Oh! Perdón, perdón. ¿A ver, qué es lo que quieres hacer?

-Qui...quierrro hablar contigo.

Oiga suspiró y se rindió definitivamente.

-Está bien, ven a recogerme.

Unos minutos más tarde los dos caminaban despacio por la calzada. El silencio nunca había incomodado a Oiga, pero esta vez era demasiado insoportable.
Pasaron un rato así, en silencio, hasta que Vicen Rubi se paró. Estaban en un parque, el parque al que Oiga solía venir de pequeña, pero que habían cerrado desde que descubrieron que la Caridadeh usaba a los niños que venian como medio de intercambio de droga. Por lo tanto, estaban solos.

Aún así, Vicen Rubi seguía callado, con las manos en los bolsillos y sin mirar a Oiga. Esta acabó disgustándose del silencio del ruso.

-Mira, tengo un montón de cosas que hacer y no puedo permitirme perder el tiempo para una tontería como quedarme de pie y en silencio. Me voy.

-¡Espera! Por favor...

Oiga se giró hacía Vicen Rubi. Por lo menos había conseguido decir algo.

-Oiga, si te he traído hasta aquí, es porque tenemos que hablar sobre algo muy...importante.

A Oiga se le cortó la respiración. Por fin, era justo lo que estaba esperando desde el momento en que lo conoció. No podía creerse que fuera a pedírselo. Aunque ya podría haber elegido un lugar más romántico, pero...

-¿Qué es lo que quieres?- Preguntó cruzándose de brazos, tratando de mantener la compostura.

Vicen Rubi se acercó a ella y le cogió una mano. Tenía razón, era blanca, como la nieve en Moscú, pero más cálida que cualquier hoguera. Sonrió al cogérsela y sin saber por qué, le acarició la mano.

Oiga se asustó al sentir el contacto de Vicen Rubi en su mano y se quedó petrificada. La verdad es que la tenía bastante fría, a pesar de haberlas tenido en los bolsillos todo el rato. Pero cuando empezó a acariciarle la mano, como si de un acto reflejo se tratase, su mano se soltó rápidamente de la de Vicen Rubi.

-¿Q-qué pretendes? ¿Vas a decírmelo ya o quieres que siga perdiendo el tiempo?

Vicen Rubí volvió a mirar al suelo, no debería haber hecho eso, no fue lo que le dijo Tiano.

-Lo siento, pero no te he traído aquí para decirte nada, sólo para darte esto.

Vicen Rubi metió la mano en el bolsillo y sacó un sobre en el que ponía Oiga. La chica se desconcertó, ¿eso era todo? ¿La había sacado de casa para darle una estúpida nota? Se la quitó de la mano de un tirón.

-¿Estás enfadada? Yo... lo siento, pero tenía que dártela y quería hacerlo en algún lugar apartado para...

-Mejor ahorrate las palabras, porque sólo conseguirás empeorar la situación.

Oiga se dio la vuelta enfadada y se fue en dirección a su casa.

-¡Oiga!

-¡Oigo! Digo, ¡¿qué?!

-Leela, por favor...

Llegó a casa hecha una furia y lo primero que hizo fue tirar la carta por el suelo de la habitación. Había perdido toda la tarde y ya no podía concentrarse en nada. De pronto, sonó el teléfono.

-¿Sí?

-¡Optimixta! Con X de Mixta.

-No, Columientos, no estoy nada, optimista hoy, ¿vale? ¡Adiós!

-¡Sabe a Mix... Piiiiii.

El teléfono se le cayó al suelo. Le dio pereza,pero se agachó a recogerlo, topándose de morros con la carta de Vicen Rubi.
''Bueno, la miraré.''

Abrió con cuidado el sobre y sacó la carta. Cada línea que leía le hacía abrir más los ojos, hasta que llegó a la última.

-N-no pue...¡No puede ser!

Soltó la carta y se dirigió hacia la puerta.

-¡Oiga! ¿A dónde vas? ¡Tienes que cenar!

-¡Tengo que ir al aeropuerto, luego nos vemos! ¡Adiós!

Corrió calle abajo, hacia el parque al que había ido con Vicen Rubi. Si lo atravesaba todavía podía llegar antes de que fuera tarde. Mientras atravesaba el parque chocó con un niño y los dos cayeron al suelo. Oiga se levantó y ayudó al niño a levantarse.

-¡Lo siento, perdón, pero tengo prisa!

El niño se quedó quieto, observando a Oiga correr en dirección a una parada de autobús que paraba en el aeropuerto más cercano. El cielo estaba oscureciéndose, ya había salido la primera estrella, pero no hacía frío, aún había una temperatura agradable. Sin embargo, el niño no debía notarlo, porque llevaba al rededor del cuello y de nariz para abajo, una gruesa bufanda...






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